Cuando un bebé nace, las preocupaciones de los padres se instalan de inmediato: ¿cuánto pesa?, ¿cuánto mide? suelen ser las dudas principales. Sin embargo, existen otras condiciones que no deberían pasarse por alto, como la criptorquidia o testículo no descendido, un problema que se presenta con mayor frecuencia en recién nacidos prematuros o con bajo peso al nacer.
“Antes de nacer, los testículos del bebé se forman dentro del abdomen y, al final del embarazo, deben descender hasta el escroto. Cuando uno o ambos testículos no bajan, se denomina testículo no descendido”, explica la pediatra María Salinas.
En muchos casos, el testículo suele descender espontáneamente durante los primeros meses de vida.
Sin embargo, cuando esto no ocurre, los bebés de entre 12 y 18 meses deben ser sometidos a una cirugía.
Mientras más tiempo permanezca fuera del escroto, aumentan las consecuencias, como un desarrollo inadecuado del testículo o un mayor riesgo de infertilidad, torsión testicular o cáncer testicular en el futuro.
“En la mayoría de los casos no existe una causa clara; no se debe a algo que los padres hayan hecho o dejado de hacer”, aclara la especialista.
Además, entrega tranquilidad al señalar que no habrá problemas de fertilidad en la adultez cuando la condición afecta solo a un testículo.
Los niños que han presentado criptorquidia deben someterse a controles médicos periódicos. En cuanto a los padres, se recomienda mantener la calma, ya que existe tratamiento y se trata de una condición más común de lo que se cree.
Los testículos producen y almacenan esperma, por lo que si no descienden a tiempo pueden dañarse, afectando la fertilidad futura o causando otros problemas médicos.
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