
Tienes un perro, es el centro de tu vida, pero decides añadir a la familia un integrante más: un gato. Es una decisión llena de amor y entusiasmo, pero para tu mascota no será tan fácil de asimilar. Si quieres que la convivencia entre ambos sea armoniosa y sin gritos de por medio, sigue estos consejos de la médico veterinaria Samantha Gallo.
Lo más importante es que la integración sea progresiva y supervisada. La presentación, idealmente, debería ser a ciegas, es decir, que estén en cuartos separados y se puedan oler y escuchar, pero sin interactuar. Otra alternativa es frotar una manta o paño con el olor de cada uno y colocarlo cerca del otro.

El siguiente paso es agregar el factor visual: permitir que se vean a través de una barrera física, como una puerta de vidrio, mientras se les dan premios o comida para crear un ambiente positivo.
Es importante que durante los primeros encuentros el perro esté con correa y el gato libre por si desea huir. También es esencial ofrecerle espacios altos y seguros para que se pueda refugiar.
Si uno de los dos se pone agresivo, la clave está en no gritarle ni castigar. Hay que mantenerse neutral y calmado.
“Recurre a los refuerzos positivos cada vez que se porten de manera adecuada; esto facilita la relación”, finaliza la especialista.










