
Hablar de que la capital del Perú se traslade al departamento de Junín no es nada nuevo, porque ahí la ciudad de Jauja ya lo fue al ser fundada por el conquistador español Francisco Pizarro.
Establecida con el nombre de Santa Fe de Hatun Xauxa, el 25 de abril de 1534, Pizarro la declaró como capital de la Gobernación de Nueva Castilla (Virreinato del Perú).
Su clima templado y abundancia de recursos (alimentos y agua) convencieron a Pizarro para elegir a Jauja (nombre que significa ‘paraíso o lugar abundante’) como centro del poder español en las recién conquistadas tierras del Imperio de los incas.
Ahí ya funcionaba un centro administrativo incaico por su ubicación estratégica en el valle del Mantaro, que conectaba al norte y al sur del Imperio.
En noviembre de 1534, los colonos españoles —muchos de ellos conquistadores entre quienes se repartió las tierras— solicitaron a Pizarro el cambio de la capital del Perú.
La altitud que a algunos afectaba, el clima frío en invierno, la escasez de leña y la lejanía del mar, que dificultaba el comercio y la llegada de refuerzos militares y armas, llevaron a que Jauja deje de ser la capital del Perú.

La fundación de la Ciudad de los Reyes —nombre con que nació Lima— llevó a que, el 18 de enero de 1535, Jauja deje de ser la capital del virreinato.
La ciudad de Jauja, que al ser fundada por Francisco Pizarro se dedicó a Nuestra Señora de la Concepción, es hoy reconocida con el título de ‘primera capital del Perú’.
Jauja -que se ubica a 3390 metros sobre el nivel del mar- tiene actualmente una economía centrada en la agricultura, la ganadería y el turismo.
Además, cuenta con un aeropuerto que conecta a Lima con su región, incluida la cercana capital departamental Huancayo.
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