
El trastorno de ansiedad no siempre se manifiesta como nerviosismo o preocupación; también puede expresarse a través de síntomas físicos como dolor de cabeza, cansancio o problemas gastrointestinales. La psicóloga Lizeth Limas explica que esto ocurre cuando se acumulan emociones y episodios de estrés que no se liberan. “El cuerpo habla lo que se calla”, advierte.
Las señales pueden incluir tensión en el cuello o la espalda, sensación de falta de aire, dificultad para dormir y agotamiento sin causa aparente. “La somatización puede afectar a cualquier persona, incluso en casos leves”, indica.
Para prevenir estos malestares, se recomienda acudir a terapia psicológica y acompañarla con hábitos saludables: una buena alimentación, dormir al menos ocho horas, realizar actividad física y contar con una red de apoyo donde las personas puedan expresar sus preocupaciones.
“También son útiles las técnicas de respiración y relajación, ya que los hábitos saludables pueden ayudar a reducir los cuadros de ansiedad”, añade Limas.

Para identificar si se trata de un problema vinculado a la ansiedad, es clave observar los síntomas: si aparecen de forma repentina y están relacionados con el estado de ánimo. “La situación se agrava si las molestias persisten por varios días”, afirma.
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