
COLUMNA ‘PADRES E HIJOS’. Junio es reconocido en muchos países como el Mes de la Salud Masculina, sin embargo, cuando pensamos en salud, solemos enfocarnos en el cuerpo y pocas veces hablamos de las emociones de los hombres.
Durante generaciones, muchos crecieron escuchando frases como “los hombres no lloran”, “debes ser fuerte” o “aguanta sin quejarte”. Aunque estas ideas pretendían enseñar fortaleza, también llevaron a que numerosos hombres aprendieran a esconder sus emociones, sus miedos y sus heridas.
Desde la psicología clínica sabemos que reprimir lo que sentimos no hace que desaparezca.
Las emociones que no se expresan suelen manifestarse a través del estrés, la irritabilidad, el aislamiento, el agotamiento emocional o incluso problemas físicos.

Cuidar la salud emocional no es una señal de debilidad. Por el contrario, requiere valentía reconocer que algo duele, pedir apoyo cuando es necesario y permitirse sentir sin culpa.
La verdadera fortaleza no consiste en soportarlo todo en silencio, sino en desarrollar recursos para afrontar la vida de manera saludable.
Quizás ha llegado el momento de construir una cultura donde los hombres también puedan hablar de sus emociones, expresar sus preocupaciones y recibir acompañamiento sin ser juzgados.
Porque detrás de cada padre, esposo, hermano, hijo o amigo, hay un ser humano que también necesita ser escuchado, comprendido y cuidado.










