Este mal puede afectar también a personas delgadas. No es exclusiva de quienes tienen sobrepeso: una mala alimentación, resistencia a la insulina o antecedentes familiares también influyen. Foto: Istock
Este mal puede afectar también a personas delgadas. No es exclusiva de quienes tienen sobrepeso: una mala alimentación, resistencia a la insulina o antecedentes familiares también influyen. Foto: Istock

El es una enfermedad hepática que se produce por la acumulación de grasa dentro de las células del hígado. En sus etapas iniciales no suele causar síntomas, lo que hace que pase desapercibida y avance de forma silenciosa.


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El hígado graso no da molestias al inicio, pero con el tiempo puede generar una disfunción hepática severa”, explica el gastroenterólogo Mauricio Díaz del Olmo.

Médico muestra hígado graso, enfermedad hepática. Foto: Istock
Médico muestra hígado graso, enfermedad hepática. Foto: Istock

Esta condición está asociada al sobrepeso, la obesidad, la diabetes, el colesterol y los triglicéridos elevados, así como al consumo de alcohol.


El especialista advierte que el hígado es un órgano “muy noble”, capaz de soportar daños sin manifestarlos. “Muchos pacientes consultan recién cuando aparecen complicaciones como abdomen inflamado, hinchazón de piernas o sangrados digestivos, signos de una cirrosis ya instalada”, señala.

Sin control, el hígado graso puede evolucionar a cirrosis e incluso cáncer de hígado.
“El hígado graso es reversible solo en fases iniciales”, afirma Díaz del Olmo.

El tratamiento se basa en bajar de peso, mejorar la alimentación, hacer ejercicio y evitar el alcohol. “No hay una pastilla milagrosa; el cambio de hábitos es fundamental”. Para prevenirlo, recomienda controles médicos, incluso sin síntomas.

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