
Beber poca agua, automedicarse o abusar de analgésicos son hábitos diarios que muchas personas repiten sin imaginar que, con el tiempo, pueden dañar seriamente sus riñones. Estos órganos cumplen funciones vitales y suelen enfermar en silencio, por lo que la prevención es fundamental.
El nefrólogo Álvaro Hostia, del Hospital Nacional Guillermo Almenara, advierte que la baja hidratación es uno de los errores más comunes. “Consumir menos de 500 mililitros de agua al día genera un daño renal progresivo, porque el riñón depende del volumen de líquidos”, señala.

La deshidratación repetida puede causar desde infecciones urinarias hasta insuficiencia renal aguda.
Otro riesgo frecuente es la automedicación. “Muchos medicamentos son nefrotóxicos, sobre todo los antiinflamatorios no esteroideos”, explica Hostia. Fármacos como diclofenaco o ketorolaco, tomados sin indicación médica o por más de siete días, pueden afectar la función renal.
Las enfermedades crónicas también juegan un rol clave. “La diabetes es la principal causa de insuficiencia renal crónica, seguida de hipertensión y obesidad”, afirma. Si no se detecta a tiempo, esta enfermedad puede avanzar hasta requerir diálisis o un trasplante de riñón. “Cuando aparecen síntomas como hinchazón, náuseas u orina espumosa, el daño ya suele ser grave”, concluye.
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