
La semana pasada alcanzamos los 34 grados Celsius de temperatura, todo un récord en las últimas tres décadas. Y no se trata solo de sentir mucho calor. Debemos saber que el calor a esos niveles es muy peligroso, tanto así que puede ser mortal si no se trata a tiempo y de la manera más adecuada.
Ocurre debido a la exposición al calor extremo o esfuerzo físico. La temperatura corporal de una persona sube rápidamente por encima de los 40 °C y el cuerpo pierde su capacidad para enfriarse. El proceso implica un fallo en los mecanismos de sudoración y termorregulación, provocando disfunción del sistema nervioso central, daño multiorgánico y posible coma.

No es solo el calor ambiental, sino cómo el cuerpo de cada persona maneja esa sensación; eso determina si sufre o no un golpe de calor.
Entre los síntomas más importantes que nos pueden indicar que alguien está sufriendo un golpe de calor se encuentran: mareo, sudoración al principio, después falta de sudor, piel enrojecida, seca y caliente. Fiebre con temperatura desde 39 °C a 41 °C. Respiración agitada (taquipnea), el corazón va muy rápido (taquicardia) y baja presión arterial.
¿Qué hacer? Colocar al afectado en la sombra, echarle agua o dejarlo en la tina o ducha donde corra el agua y poner un ventilador cerca. Pero no se puede quedar ahí, hay que llevarlo al hospital para que reciba hidratación por vena.
Lo importante es prevenir; por ello evite la ola de calor usando ropa fresca de algodón, gorro o sombreros de ala ancha, y manténgase hidratado.










