
La gastritis emotiva o nerviosa es una afección cada vez más frecuente que evidencia la conexión entre la mente y el cuerpo. Se trata de una inflamación de la mucosa gástrica provocada por factores emocionales como el estrés y la ansiedad.
“Aunque popularmente se le conoce así, el término es dispepsia funcional, un trastorno que se manifiesta con ardor en la ‘boca del estómago’, acidez y náuseas. Se origina por la alteración del eje cerebro-intestino-microbiota, un sistema en el que las emociones intensas modifican la función digestiva y generan estas molestias”, explica la gastroenteróloga Carla Guerrero.

En ese sentido, el estrés crónico no solo actúa como detonante, sino que también intensifica el problema: aumenta la producción de ácido gástrico y cortisol, lo que irrita el estómago y altera su funcionamiento. Por ello, los síntomas suelen aparecer o agravarse en periodos de mayor carga emocional.
La especialista señala que su diagnóstico se realiza por descarte, es decir, cuando no está relacionado con alimentos, fármacos u otras enfermedades. El tratamiento combina cambios en el estilo de vida, apoyo psicológico y, en algunos casos, fármacos para controlar la ansiedad y la molestia en el estómago. “Es un tipo de dispepsia muy frecuente, pero también uno de los más ignorados porque su origen es emocional”, indica Guerrero.










