
La fiebre en los niños puede asustar a los padres, pero no siempre es motivo de alarma, ya que generalmente es una respuesta natural del organismo ante infecciones. Para evitar malos ratos es clave identificar cuándo se trata de un episodio que puede manejarse en casa y cuándo es necesario acudir al médico.
Si el termómetro marca más de lo habitual (37°C), lo recomendable es ofrecer abundante líquido al pequeño. Además, debe descansar y usar ropa ligera. Si presenta malestar, se puede administrar paracetamol o ibuprofeno, siempre bajo indicación médica (la dosis se calcula según el peso, no la edad).
Sin embargo, hay que encender las alertas si la temperatura alcanza los 38°C o más en menores de 3 meses o si persiste por varios días.
También es motivo de preocupación si se presentan otros síntomas como deshidratación, dificultad para respirar o erupciones en la piel.
Es importante recordar que, más que el número del termómetro, se debe observar el estado general del niño: si está decaído, somnoliento, irritable o sin ganas de comer, es mejor acudir a un especialista.
¿Qué no se debe hacer? Bañarlo con agua fría, ya que puede provocar escalofríos y empeorar la fiebre. Tampoco se debe obligar al menor a comer, es preferible ofrecer pequeñas porciones.
DATITO
Mide la temperatura con un termómetro digital y hazlo siempre en el mismo lugar (axilar, oral o rectal) para obtener lecturas más precisas.










