
Un chapuzón debería ser sinónimo de diversión y alivio frente al calor, pero cuando una piscina no recibe el mantenimiento adecuado, el agua puede convertirse en caldo de cultivo de muchas enfermedades que afectan a toda la familia. Aunque se vea limpia y transparente, la presencia de bacterias y hongos no siempre es visible y los síntomas suelen aparecer horas o días después.
Para evitar sorpresas desagradables, es clave conocer cuáles son las infecciones más frecuentes asociadas a piscinas mal cuidadas, cómo se manifiestan y qué hábitos ayudan a reducir el riesgo de contagio, según especialistas del Ministerio de Salud (Minsa).

1. Diarrea e infecciones estomacales. Se originan al ingerir agua contaminada con bacterias o parásitos. Provocan dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea.
2. Infecciones oculares. Generan ardor, ojos rojos, picazón y secreciones. El contagio es frecuente cuando se comparten lentes de natación o incluso lentes de sol, que son de uso personal.
3. Otitis. Es una infección del oído causada por la humedad retenida. Produce dolor, sensación de oído tapado y, en algunos casos, secreción y fiebre.
4. Hongos en los pies. Se contagian al pisar superficies húmedas contaminadas. Caminar descalzo o prestarse sandalias favorece su aparición.










