
El Torito de Pucará, pieza multicolor de la cerámica tradicional de Puno, en el sur del Perú, celebra su día nacional cada 18 de marzo, según establece la Ley 31492 al valorar su legado cultural, técnicas ancestrales y origen en la cultura Pucará.
Considerado como símbolo de protección, fertilidad, unidad y buena suerte para los hogares, se originó como artesanía en el distrito de Pucará, en la provincia de Lampa, como una fusión de la tradición de la alfarería andina precolombina (cultura Pucará, 500 a. C. - 400 d. C.) y la influencia española que con la conquista introdujo el toro traído de España al Perú en el siglo XVI.
Se afirma que, durante una fuerte sequía en Pucará, un campesino ofreció un toro de arcilla al dios Pachacámac y que, al rozar la artesanía con la roca, brotó agua, lo que salvó a la población.
Desde entonces se extendió la tradición de que el Torito de Pucará actúa como amuleto de protección, prosperidad y abundancia, como garantía de unidad en el hogar, y que protege de las enfermedades. También se considera que atrae la buena suerte a la familia.
Sus colores representan sus virtudes y poderes. El rojo es símbolo de protección y valor; el amarillo, de prosperidad y riqueza; el azul, de sabiduría y paz; y el verde representa salud y bienestar.

¿Dónde ubicarlos?
Por lo general, los toritos de Pucará se colocan en los techos de las casas andinas, en lo más alto de ellas, y en pares (de dos en dos, juntos), nunca solos. Así a los toritos se les considera fieles y severos protectores de la familia de ese inmueble. La tradición, que viene desde tiempos de la Colonia, dice que la gente los coloca en lo alto de los techos, viendo todo, para vigilar y proteger el hogar de los malos espíritus y peligros.










