Nicomedes Santa Cruz fue un poeta, folclorista y periodista, nacido en Lima el 4 de junio del año 1925 y fallecido en Madrid el 5 de febrero de 1992. Provenía de una familia considerable y de bajos recursos.
Nicomedes Santa Cruz fue un poeta, folclorista y periodista, nacido en Lima el 4 de junio del año 1925 y fallecido en Madrid el 5 de febrero de 1992. Provenía de una familia considerable y de bajos recursos.

Estudiado, leído y aprendido en los colegios durante las últimas seis décadas, el famoso poema ‘A cocachos aprendí’ fue obra del destacado poeta, decimista, periodista y difusor cultural afroperuano .

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Hoy, cuando se cumplen 34 años de su muerte, Nicomedes Santa Cruz sigue vivo en la memoria de los peruanos por el poema en que, con nostalgia, relata su paso por el colegio estatal (fiscal, entonces), donde otros se dedicaban a jugar, pelear y divertirse, pero no a estudiar y aprender.

LIMA, 28 DE MARZO DE 1961

ENTREVISTA A LOS HERMANOS VICTORIA Y NICOMEDES Santa Cruz.

FOTO: EL COMERCIO
LIMA, 28 DE MARZO DE 1961 ENTREVISTA A LOS HERMANOS VICTORIA Y NICOMEDES Santa Cruz. FOTO: EL COMERCIO

Ello, lo dice en el poema, al final causa dolor al personaje que perdió el tiempo.

Nicomedes Santa Cruz, quien en realidad fue un buen alumno, se dedicó desde 1955 a escribir décimas (estrofas poéticas compuestas por diez versos octosílabos, de ocho sílabas, con rima consonante) sobre problemas nacionales e internacionales.

Como investigador rescató olvidadas formas musicales y poéticas afroperuanas.

Sus poemas e investigaciones, que le hicieron alcanzar fama internacional, permitieron la revalorización de la décima, una forma poética popular que estaba siendo olvidada.

Dentro de su obra, declarada Patrimonio Cultural de la Nación, figuran sus libros ‘Décimas’ (1959), ‘Canto a mi Perú’ (1966), ‘Ritmos negros del Perú’ (1973), y los poemas y canciones ‘Inga’, ‘Meme neguito’ y ‘A la molina’.

‘A cocachos aprendí’, poema completo

A cocachos aprendí

mi labor de colegial

en el Colegio Fiscal

del barrio donde nací.

Tener primaria completa

era raro en mi niñez

(nos sentábamos de a tres

en una sola carpeta).

Yo creo que la palmeta

la inventaron para mí,

de la vez que una rompí

me apodaron “mano ‘e fierro”,

y por ser tan mataperro

a cocachos aprendí.

Juguetón de nacimiento,

por dedicarme al recreo

sacaba Diez en Aseo

y Once en Aprovechamiento.

De la Conducta ni cuento

pues, para colmo de mal

era mi voz general

“¡chócala pa’ la salida!”

dejando a veces perdida

mi labor de colegial.

¡Campeón en lingo y bolero!

¡Rey del trompo con huaraca!

¡Mago haciéndome “la vaca”

y en bolitas, el primero…!

En Aritmética, Cero.

En Geografía, igual.

Doce en examen oral,

Trece en examen escrito.

Si no me “soplan” repito

en el Colegio Fiscal.

Con esa nota mezquina

terminé mi Quinto al tranco,

tiré el guardapolvo blanco

(de costalitos de harina).

Y hoy, parado en una esquina

lloro el tiempo que perdí:

los otros niños de allí

alcanzaron nombre egregio.

Yo no aproveché el Colegio

del barrio donde nací…

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