
Hoy, en el Día Internacional de la Felicidad, instituido por la ONU para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como objetivos universales, recordemos cómo los antiguos peruanos, en el Imperio de los incas, concebían el ser felices.
Para la sociedad inca, que se basaba en una estrecha relación entre lo colectivo y lo individual, la felicidad era un estado de bienestar comunitario basado en lo siguiente:
- Trabajar. El trabajo comunitario (minka) era una forma de bienestar y un deber sagrado. Los logros del trabajo de todos unían y hacían felices a la población inca.
- Reciprocidad. Se sentían bien con el sistema de ayuda mutua, conocido como ayni, que permitía recibir apoyo cuando uno lo necesitaba y apoyar a otros cuando ellos lo requirieran.
- Solidaridad. Si alguna población padecía carencias, el imperio disponía la redistribución de recursos que garantizaban que toda la población tuviera sustento.
- Armonía. Los incas buscaban el equilibrio con la naturaleza (Hanan Pacha), los dioses y los antepasados. Cuidaban su hábitat natural y todos se beneficiaban.
- Celebraciones. Para distraerse, los incas participaban en juegos, bailes, cantos y el consumo de chicha de jora. Las reuniones integraban a poblaciones y eran complemento de los trabajos comunitarios.

Datito
Durante el incanato, el cumplimiento de los valores también contribuía a la felicidad de la población que vivía en medio de una sociedad en que todos se respetaban. Vivir felices, que requiere hacerlo con tranquilidad y en orden, exigía el cumplimiento de un código de conducta enseñado desde la niñez y basado en tres principios morales estrictos: no robar (ama sua), no mentir (ama llulla) y no ser ocioso (ama quella).










