
Cuando hablamos de habitante, residente o ciudadano lo hacemos sobre la relación de personas con un Estado nacional o país. Y aunque algunos creen que son lo mismo, tales términos tienen significados e implicancias legales distintas.
Habitante es toda persona que se encuentra en un país, legal o ilegalmente, registrado como nacido allí o como extranjero que llegó de manera regular o irregular (violando las normas migratorias).
Tampoco se tiene en cuenta su edad, basta con estar habitualmente en el lugar.
Residente es la persona que tiene su domicilio o residencia legal en un lugar, con un estatus migratorio legal determinado, pero sin la nacionalidad del país.
Hay residentes con visas o permisos de trabajo, estudio, turismo y otros. Y pueden ser mayores o menores de edad.
Ciudadano es quien tiene la nacionalidad de un Estado y, por mayoría de edad o emancipación, goza de derechos civiles y políticos, como votar y ser elegido.

A diferencia del residente, el ciudadano no pierde su estatus por ausentarse de manera prolongada del país y sí tiene que ver con la edad: un menor no es ciudadano, podrá ser habitante o residente, pero carece de los atributos plenos de la ciudadanía al no poder votar ni celebrar contratos como hacer testamento o comprar y vender inmuebles, por ejemplo.
Existen dos términos que se confunden: ciudadano y nacional. Todo ciudadano es nacional de un país o Estado, pero no todos los nacionales son ciudadanos.
Eso porque tener una nacionalidad nos hace pertenecer legalmente a un Estado (por nacimiento en un país o por ser hijo de alguien de un país), mientras que ser ciudadano implica el ejercicio pleno de derechos políticos (como votar y ser elegido) en un Estado, por lo general, como en el Perú, al cumplir la mayoría de edad.
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