
El próximo vuelo de cuatro astronautas en la misión Artemis II, en el primer viaje tripulado en sobrevolar la Luna en más de medio siglo, marcará un hito al llevar de nuevo a seres humanos sobre el lado oculto de la Luna.
Esa zona es una región inexplorada, no visible desde la Tierra por un fenómeno llamado rotación sincrónica.
Debido a que la Luna tarda 29 días en orbitar la Tierra (dar la vuelta a nuestro planeta) y también tarda 29 días en completar una rotación sobre su propio eje (dar la vuelta en torno a ella), la misma cara lunar está siempre orientada hacia la Tierra.
Así, por esa rotación sincrónica la cara opuesta, que es la más lejana, nunca es visible desde la Tierra y por eso se le llama lado oculto de la Luna.
Ese lado oculto es más accidentado que el otro que podemos ver desde la Tierra.
Posee más cráteres que la cara visible, aunque respecto a ella menos llanuras basálticas (extensiones de roca volcánica o mares lunares).

También se presume que el lado oculto de la Luna, respecto al que se ve, tiene más elementos minerales ligeros, como el feldespato, y menos elementos radiactivos (potasio-40, uranio, torio) que generan calor interno, lo que hace que la corteza o superficie lunar sea allí más gruesa que la del sector que podemos ver.
China en la Luna
El lado oculto de la Luna fue fotografiado por primera vez por la sonda soviética Luna 3, en 1959; mientras China ha sido la pionera en aterrizajes no tripulados, con la misión Chang’e 4 en 2019 y la misión Chang’e 6 en 2024, que trajo las primeras muestras de suelo lunar de esta región a la Tierra.

Ninguna de las seis misiones tripuladas estadounidenses Apolo (entre 1969 y 1972) aterrizó en el lado oculto de la Luna
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