
Aunque el Evangelio de San Mateo habla de que unos magos del oriente llegaron a Jerusalén buscando al ‘rey de los judíos’ que había nacido, guiados por una estrella, y que Herodes los envió a Belén, donde se postraron ante el niño Jesús, le adoraron y regalaron oro, incienso y mirra, no da mayores detalles de quiénes eran ellos.
El relato sobre los magos acaba tras regresar a su tierra por un camino distinto para no informar a Herodes de que habían hallado a Jesús.
La Iglesia Católica reconoció luego que se trataba de tres -por el número de regalos que llevaron-, que adoraron a Jesús el 6 de enero y que se llamaban Melchor (europeo), Gaspar (asiático) y Baltasar (africano de tez negra).
Sin embargo, en 2012, el papa Benedicto XVI, antecesor del papa Francisco, basándose en la Biblia en su integridad, publicó ‘La infancia de Jesús’, libro en que concluye que:
Los tres magos eran reyes buenos (no magos o hechiceros malos) y astrónomos que descifraron la presencia de la estrella de Belén.
Representaban el camino de otras religiones hacia Cristo, basándose en la ciencia para concluir que Jesús era el hijo de Dios.
Es ‘racional’ concluir que los tres reyes tenían que ver ‘con las tres edades de la vida del hombre: la juventud, la edad madura y la vejez’.
¿De dónde llegaron los tres reyes magos?
El papa Benedicto XVI no descartó la posibilidad de que, según los libros bíblicos de Isaías y Salmos, los reyes magos -que se cree eran de Persia (actual Irán)- pudieran haber llegado de Tarsis (Tartesos, en España), ya que el término ‘oriente’ se refería entonces a algo lejano, en tiempos en que el territorio español era muy lejano, uno de los extremos del mundo, cuando se creía que la Tierra era plana.

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