
Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca que hoy Donald Trump pretende anexar para Estados Unidos, tiene una historia vinculada a los vikingos, un pueblo de exploradores, comerciantes, agricultores y guerreros que dominaban el norte de Europa entre los siglos VIII y XI.
Los vikingos, quienes provenían de los países nórdicos (hoy Noruega, Suecia y Dinamarca), descubrieron la inmensa isla de Groenlandia, en los mares Ártico y Atlántico, en Norteamérica.
Expulsado de Islandia, el caudillo vikingo Erik el Rojo llegó entre los años 982 y 985 d. C., y bautizó a la isla como Grønland o Groenlandia (tierra verde) para atraer a más colonos ansiosos por hallar campos de cultivo que no encontraron.

Igual fueron llegando los colonos, que se dedicaron a pescar, criar ganado y cazar morsas y focas.
En los siglos XI y XII, las colonias en la isla —con cientos de granjas— tenían alrededor de tres mil personas, hasta que en el siglo XV los vikingos se fueron.
El retiro de los vikingos, que dejaron atrás a pocos lugareños, se explica por el descenso de las temperaturas, una larga sequía que dificultó el crecimiento del forraje para alimentar al ganado y la caída de la demanda europea de marfil de morsa ante las compras de marfil de elefantes de África.

¿Por qué Trump quiere apoderarse de Groenlandia?
Según los analistas, el presidente estadounidense Donald Trump pretende que Groenlandia pase a ser parte de Estados Unidos para desde ahí contener a sus rivales Rusia y China; instalar interceptores de misiles en esa ubicación clave frente a Asia y Europa; vigilar los mares del Atlántico Norte; manejar las rutas marítimas polares; y explotar sus vastas reservas de tierras raras y yacimientos sin explotar de petróleo y gas.
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