
Al ser fundada por el conquistador Francisco Pizarro como la capital del Virreinato del Perú, el 18 de enero de 1535, una fecha de la que este domingo se cumplen 491 años, Lima no solo era poblada por españoles e indígenas del valle del Rímac, sino también por gallinazos.
Esas aves carroñeras, conocidas como buitres americanos (Cathartes aura o Coragyps atratus), habitaban en la zona desde tiempos preincaicos.
En sitios sagrados, como el santuario de Pachacámac, los sacerdotes alimentaban a los gallinazos y ordenaron que no sean molestados para que se encarguen de limpiar el área de restos orgánicos, ya que al comer cadáveres de animales evitaban la propagación de enfermedades.
Cual ‘recicladores’ naturales, los gallinazos tampoco eran molestados durante el virreinato y era bien visto que desciendan al área urbana, en acequias y calles, para comer productos orgánicos y evitar su putrefacción en la vía pública.
Convertidos en íconos de la ciudad, la cultura popular extendió el mito de que en el escudo de Lima aparecían dos gallinazos, aunque en realidad se trata de águilas bicéfalas de la heráldica de la casa de los Habsburgo, otorgadas por la Corona española.
Aunque no estén en el escudo de Lima, los gallinazos siguen siendo dignos habitantes de una ciudad que les debe mucho.

DATITO
Tan importantes eran los gallinazos en la Lima virreinal que una calle donde estas aves se reunían para limpiar una acequia pasó a tener su nombre. Así, la calle Azaña, que llevaba ese nombre por una familia española noble que tenía allí su solar, pasó a llamarse calle de Gallinazos. Algunos dicen que incluso allí vivía una familia de apellido Gallinazos. Hoy, esa calle es la cuadra tres del jirón Puno, en el Centro Histórico de Lima.










