
Los apellidos —nombres de familia que se añaden al nombre de pila para distinguir a las personas y transmitir su linaje o parentesco— tienen en el Perú un sello característico.
Unos de origen español, traídos por los conquistadores desde el siglo XVI; otros tienen origen indígena.

Según datos del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec), al año 2025, los apellidos más frecuentes en el Perú son Quispe (1’212,114), Flores (763,245), Sánchez (680,395), García (658,376), Rodríguez (628,844), Huamán (610,076), Rojas (606,030), Vásquez (551,679), Mamani (524,993) y López (524,818).
Siguen en la lista: Ramos (515,074), Pérez (504,766), Torres (497,217), Díaz (484,625), Gonzales (467,855), Ramírez (463,411), Mendoza (436,960), Chávez (431,591), Espinoza (396,087) y Castillo (372,605).
De origen indígena, Quispe —que viene del quechua— significa ‘el que brilla’ y trasluce características de nobleza.
Huamán y Mamani significan ‘halcón’, el primero en quechua y el segundo en aimara. Entre los apellidos frecuentes traídos de España tenemos a Flores (belleza), Sánchez (hijo de Sancho), García (joven guerrero), Rodríguez (hijo de Rodrigo), Rojas (de tierras rojas), Vásquez (del territorio vasco) y López (lobo, símbolo de astucia y liderazgo).
El poder de los apellidos en quechua y aimara
A diferencia de otros países de Latinoamérica donde predominan los apellidos de origen español, en Perú los de origen quechua y aimara (Quispe, Huamán y Mamani) son numerosos. En Sudamérica, los apellidos más comunes son González (Argentina, Chile, Paraguay y Venezuela), Rodríguez (Colombia y Uruguay) y Zambrano (Ecuador), todos herencia de los españoles. En Bolivia es el apellido nativo Mamani (aimara).










