
La República Islámica de Irán, hoy en guerra contra Estados Unidos e Israel, es un país asiático donde casi toda su población profesa el islam, la creencia en un solo dios (Alá) y en la revelación del Corán (libro sagrado).
Los musulmanes —seguidores del islam— practican la sumisión a la voluntad divina.
El 99 % de los 91 millones de iraníes son musulmanes y 9.4 de cada 10 lo son de la rama islámica chiita, mayoritaria también en Irak, Líbano y Azerbaiyán.
Irán reconoce que la máxima autoridad es el ayatola (‘signo de Dios’), guía espiritual y jurídico que controla las fuerzas armadas y el Poder Judicial por encima del presidente y el Parlamento elegidos.
La religión oficial de Irán es el islam chiita, de la rama duodecimana, que cree en doce imanes, sucesores del profeta Mahoma, siendo Alí el primero y Muhammad al-Mahdi el último, el imán ‘oculto’ que aparecerá en el fin de los tiempos.

En Irán también hay sunitas (que siguen el Corán, pero también tradiciones, y que son el 90 % de los musulmanes del mundo) y practicantes de otras religiones.
La Constitución de Irán estipula que zoroastrianos, judíos y cristianos pueden ejercer sus prácticas religiosas. Por eso, hay sinagogas e iglesias, y judíos y cristianos (católicos, protestantes y ortodoxos) celebran sus fiestas.
Datito
Los musulmanes deben cumplir cinco obligaciones: shahada o profesión de fe (‘No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta’), salat (oración cinco veces al día), sakat (limosna obligatoria a los pobres), sawm (ayuno durante el mes de Ramadán) y hajj (peregrinación a La Meca —en Arabia Saudita, donde está la piedra sagrada kaaba— al menos una vez en la vida). En Irán, donde existe el delito de blasfemia, se exige a todos respetar al islam, aunque no se practique tal religión.










