
El refrán ‘a caballo regalado no se le miran los dientes’, que hemos escuchado alguna vez, tiene un origen muy antiguo, en las ferias de ganado en Asia y Europa en que se comercializaba equinos.
En tales ferias, el comprador revisaba con cuidado la dentadura para evaluar la edad, la salud y el precio del animal en venta.
Hacer esta revisión con un caballo regalado —que representa a todo obsequio o regalo— era un acto de desconfianza o ingratitud que se ve mal.
Esta frase o dicho popular, que expresa una enseñanza, consejo o moraleja basada en la experiencia, tiene un origen anónimo y se ha extendido por la tradición oral, de boca en boca desde tiempos en que el habla era la principal fuente de transmitir el conocimiento popular entre la gente.
Se nos pretende decir que no hay que ser exigentes o críticos con lo que se nos da sin haberlo pagado, ya que debemos valorar la intención de quien regala.
Con frecuencia se usa solo la primera parte: ‘A caballo regalado...’.
Existen variaciones como:
- ‘A caballo regalado no le mires el diente’ (España, México).
- ‘A caballo regalado no se le mira el colmillo’ (Colombia, Chile, Ecuador, México, Panamá, República Dominicana).
El refrán tiene su equivalente en inglés también muy usado: ‘Don’t look a gift horse in the mouth’.

Datito
A caballo regalado...’ no significa que debamos recibir todo lo que se nos da. Eso suele verse cuando se nos ofrece algo que luego nos será costoso mantener u operar (como un carro viejo y descompuesto), o si se trata de algo de origen ilícito (robado o de contrabando) o que no vamos a usar y podría servir más a quienes lo necesitan.










