Comprender la salud mental implica conocer las experiencias de cada persona y no reducirla a un diagnóstico. Foto: Istock.
Comprender la salud mental implica conocer las experiencias de cada persona y no reducirla a un diagnóstico. Foto: Istock.

COLUMNA ‘PADRES E HIJOS’. Cada 10 de octubre conmemoramos el Día Mundial de la Salud Mental, una oportunidad para recordar algo esencial: ninguna persona puede reducirse a un diagnóstico.

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Ansiedad, depresión, TDAH o cualquier otra condición pueden formar parte de una historia, pero jamás explican por completo quién está delante de nosotros.

En consulta he aprendido que dos personas pueden compartir un mismo diagnóstico y, sin embargo, vivirlo de maneras profundamente distintas. Porque detrás de cada síntoma existen vínculos, pérdidas, recursos personales, experiencias familiares, sueños y circunstancias que también necesitan ser escuchadas.

Por eso acompañar psicológicamente no consiste solamente en identificar qué le ocurre a alguien. También implica preguntarnos qué ha vivido, cómo interpreta lo que está atravesando y qué necesita para recuperar bienestar.

Las etiquetas pueden ayudarnos a comprender, pero nunca deberían convertirse en identidades.

Quizás una de las formas más humanas de cuidar la salud mental sea sencilla: dejar de preguntarnos únicamente ¿qué te pasa? y comenzar a preguntar también ¿qué te ha pasado?

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