
En el mar la vida es más sabrosa… y también permite hacer negocio. Eso lo sabe muy bien Juan Castillo, heladero de 55 años que no conoce límites y ha convertido el mar de Chorrillos en su lugar favorito para ofrecer helados de una conocida marca nacional. Cuando el sol está en su punto máximo se introduce en las saladas aguas con su paddle para ganarse el sustento diario, sorteando olas y esquivando el miedo. Sus ganas de trabajar son más fuertes que todo.
Señor Juan, se ha vuelto sensación en redes sociales, ¿lo sabía?
Sí, algunas personas me llaman para grabarme y subir los videos a TikTok, pero no los he visto porque tengo un celular sencillo y no puedo descargar aplicaciones.
¿Desde cuándo ingresa al mar con la tabla?
Desde marzo del año pasado. Primero vendía en la orilla, pero luego Ambar Paddle me propuso llevar los productos dentro del mar y así empezó todo.
¿Tenía experiencia trabajando dentro del agua?
No, antes me dedicaba al rubro textil, algo totalmente diferente. La primera vez entré con un botecito; al segundo día me animé con el paddle, ja, ja, ja.
¿Por qué dejó la textilería?
La pandemia me obligó a abandonarla. Me quedé sin trabajo y un familiar me dijo que había un depósito de helados cerca, que solo tenía que presentar mi DNI. Empecé vendiendo en mi barrio y luego pasé a la playa.

¿Sintió miedo?
Al inicio sí, pero me aventuré. Incluso mentí y dije que sabía manejar la tabla para que me la prestaran y poder trabajar.
¿Alguna vez se ha volteado la tabla?
Claro, tres veces, con todo y mercadería, pero sigo adelante. Al menos me defiendo porque sé nadar y aguanto bien la respiración.
¿Qué lleva cuando entra al mar?
Entro con el paddle, mi caja con los productos y el remo, que también lo he perdido y me ha tocado comprar otro.
¿Qué productos ofrece?
Solo helados, aunque la gente también me pide agua mineral y otras bebidas; quizá más adelante los agregue.
¿Cuántas horas trabaja? ¿Permanece todo ese tiempo dentro del agua?
Trabajo de 11 a.m. a 7:00 p.m. y todo ese tiempo me quedo a unos cuatro kilómetros mar adentro. A veces ni almuerzo porque no tengo a quién encargarle mis cosas.

¿Cuál es el mayor reto de este trabajo?
Tengo que agarrarme de los yates y de los botes, y es peligroso porque a veces te jalan hacia el motor. Tengo que hacer eso mientras despacho y cobro.
¿Cómo reacciona el público cuando lo ve?
Se alegran, me graban, me toman fotos, pero no todos me compran.
¿En qué trabaja en invierno?
Soy mil oficios. Vendo churros en Ciudad Nueva, en San Juan de Miraflores. Como vivo en Pamplona, me queda cerca para seguir viendo a mi madre, a quien cuido.
¿Siempre le ha gustado el mar?
Siempre. Cuando era joven iba seguido a bañarme, incluso solo.
¿Dónde pueden encontrarlo quienes quieran apoyarlo?
En la playa Agua Dulce. Acepto todos los métodos de pago; no hay excusas para no comprar.










