Cuando los humanos tenemos fiebre, es relativamente sencillo reconocerla: sentimos el cuerpo caliente, podemos presentar escalofríos, malestar o dolor de cabeza y, si queremos salir de dudas, basta con usar un termómetro. Con los perros, en cambio, identificarla no es tan fácil, ya que algunos de los signos pueden confundirse con cansancio.
Cuando un perro tiene fiebre puede mostrarse decaído, perder el apetito, presentar escalofríos y jadeos, o tener la nariz seca y los ojos enrojecidos. Sin embargo, al igual que ocurre con los humanos, no basta con dejarnos llevar por estos signos, sino que debemos verificarlo.
“La única manera de confirmarlo es mediante un termómetro rectal. Si supera los 39.5°C podemos decir que tiene fiebre”, asegura el veterinario Carlos Becerra.
Si la temperatura está elevada, lo primero que se debe hacer es intentar bajarla colocando toallas húmedas y frías (no heladas) en su abdomen, orejas o axilas y llevarlo de inmediato al veterinario.
“Hay que aclarar que la fiebre no es una enfermedad, sino un síntoma, entonces hay que saber qué enfermedad hay detrás. A menudo son infecciones, intoxicaciones o reacciones a vacunas. Y algo muy importante es no intentar bajar la fiebre con fármacos de uso humano porque podrían intoxicar al animal”, señala Becerra.
El ejercicio intenso también puede elevar la temperatura de tu perro y no significa que tenga fiebre. El golpe de calor puede hacer lo mismo, pero en este caso necesita atención veterinaria de urgencia.
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