
Son muchos los que llevan a sus mascotas a la playa pensando que será un paseo divertido. Sin embargo, pocas veces se preparan para los riesgos que eso implica.
La playa no siempre es un lugar seguro para perros y gatos si no se toman precauciones. El sol intenso puede causar deshidratación y golpes de calor en pocos minutos. La arena caliente quema las patas y el agua salada, si la beben, puede provocar vómitos y diarreas.

También hay restos de comida y basura que representan un peligro. El ruido y la cantidad de gente generan estrés, sobre todo en animales sensibles.
El error más común es creer que basta con llevarlos. Ir a la playa con una mascota requiere planificación. Agua fresca, sombra, horarios adecuados y supervisión constante son básicos.
No todas las mascotas disfrutan estos espacios. Compartir el verano es bonito, pero hacerlo sin preparación puede terminar mal.










