
Cuando un perro sale a pasear, una conducta muy común es marcar territorio con orina. Es algo natural y forma parte de su manera de comunicarse con otros perros.
El problema aparece cuando muchos animales marcan siempre en los mismos puntos de la calle. Con el tiempo, la acumulación de orina puede deteriorar paredes, corroer metales y afectar la base de algunos árboles.

No es culpa del perro, que solo sigue su instinto. La responsabilidad es del tutor. En varias ciudades existe una práctica simple que ayuda a reducir este problema.
Muchos tutores llevan una pequeña botella con agua durante el paseo. Si el perro orina en una pared, un poste o en la base de un árbol, basta con echar un poco de agua encima.
No es para evitar que el perro marque, sino para diluir la orina y evitar que se acumule en el mismo lugar. Es un gesto pequeño que toma segundos, y cuando muchos lo hacen el impacto en la ciudad es muy positivo.










