
El 4 de abril se recuerda el Día de los perros callejeros, pero para muchos no hay celebración.
Hay hambre, miedo y días enteros intentando sobrevivir. Ninguno nació en la calle, llegó ahí por abandono.
Detrás de cada perro callejero hay una historia que empezó en una casa. Decisiones impulsivas o falta de compromiso terminan dejando a los animales a su suerte.
La calle no es un hogar. Enfermedades, accidentes y maltrato forman parte de su día a día. Muchos creen que el problema se soluciona rescatando, pero la clave está en prevenir. Esterilizar, no abandonar y optar por la adopción son acciones que realmente hacen la diferencia.

Tener una mascota es un compromiso diario. Recordar esta fecha no debería ser solo simbólico. Debería hacernos reflexionar sobre nuestra responsabilidad. Ningún perro debería aprender a vivir en la calle.
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