
En verano, la deshidratación se convierte en un riesgo silencioso para perros y gatos. El calor intenso hace que pierdan líquidos más rápido y muchas veces no lo notamos hasta que el malestar ya es evidente.
Los perros jadean para regular su temperatura y así pierden agua constantemente. Los gatos, por su parte, suelen beber poco y esconden mejor los síntomas. Decaimiento, encías secas, falta de apetito o buscar el piso frío no son detalles menores, son señales de alerta.

Creer que con un solo plato de agua es suficiente es un error común. En días calurosos, el agua debe estar siempre limpia, fresca y disponible en varios puntos de la casa. Cambiarla seguido, ofrecer comida húmeda y evitar actividad física en horas de más calor ayudan a prevenir problemas mayores.
El agua es básica, pero en verano es vital. Estar atentos a algo tan simple puede marcar la diferencia entre bienestar y una urgencia innecesaria. Cuidarlos también es anticiparse.










