Reprimir emociones genera graves consecuencias, incluyendo trastornos mentales (ansiedad, depresión), estrés crónico, somatización física (dolores, tensión, insomnio), dificultades en las relaciones personales y más. Foto: composición/Istock
Reprimir emociones genera graves consecuencias, incluyendo trastornos mentales (ansiedad, depresión), estrés crónico, somatización física (dolores, tensión, insomnio), dificultades en las relaciones personales y más. Foto: composición/Istock

Uno de los mecanismos más frecuentes en el ser humano es la evitación emocional. Se aprende desde temprano: callar, contener, ‘ser fuerte’. Pero lo que no se expresa no se elimina.

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Las emociones no procesadas no desaparecen, se almacenan. Se traducen en irritabilidad, bloqueos, cansancio emocional e incluso síntomas físicos.

Reprimir emociones genera graves consecuencias, incluyendo trastornos mentales (ansiedad, depresión), estrés crónico, somatización física (dolores, tensión, insomnio), dificultades en las relaciones personales y más. Foto: composición/Istock
Reprimir emociones genera graves consecuencias, incluyendo trastornos mentales (ansiedad, depresión), estrés crónico, somatización física (dolores, tensión, insomnio), dificultades en las relaciones personales y más. Foto: composición/Istock

Existen formas de procesar lo interno: escribir, moverse, crear, hablar con un amigo, un consejero, un guía espiritual y, si es necesario, un profesional de la salud mental. Incluso el silencio consciente puede ser una vía de integración.

El error está en pensar que expresar es perder el control. En realidad, es una forma de orden interno, de liberarte, descargarte de lo que llevas como un gran peso.

Cuando una emoción encuentra salida, pierde intensidad. Cuando se reprime, se acumula. Lo que se nombra, se organiza. Y lo que se organiza deja de desbordar. Ten presente que lo no atendido se repite, lo que se reprime se intensifica y lo que se comprende finalmente se puede sanar.

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