
No todas las depresiones se manifiestan con llanto constante o aislamiento extremo. Muchas veces se esconden detrás de personas funcionales, responsables y aparentemente fuertes.
Son quienes cumplen con todo, trabajan, cuidan, producen, pero por dentro se sienten vacías, agotadas o desconectadas de la vida.

A esta forma se le conoce como depresión silenciosa y suele pasar desapercibida incluso para quien la vive. Se normaliza el cansancio emocional, la falta de motivación, la irritabilidad, los problemas de sueño y la sensación de estar sobreviviendo en automático.
No es pereza ni falta de voluntad; es un estado psicológico que necesita atención. La depresión no siempre grita, a veces susurra, y por eso se ignora durante años.
Reconocerla implica dejar de minimizar el malestar y comprender que pedir ayuda no es debilidad, sino un acto profundo de autocuidado. Hablar, buscar acompañamiento profesional y validar lo que sentimos puede marcar la diferencia entre sostener el dolor en silencio o iniciar un verdadero proceso de sanación emocional.










