
Juan, de 60 años, trabajó como mecánico en una gran empresa de transporte público, que quebró, y por eso se quedó sin trabajo. Posteriormente, postuló a un taller de mecánica más pequeño.
El día del examen de selección, vio miradas burlonas y risueñas de algunos postulantes jóvenes que acudían bien vestidos con sus diplomas universitarios; Juan no les hizo caso.

Cuando llegó el examen práctico, ninguno de los jóvenes pudo resolver los problemas planteados, mientras que Juan los desarrolló sin mayor esfuerzo. El artículo 2.° de la Constitución del Perú menciona que nadie debe ser discriminado por ningún motivo, incluida la edad.
Lo aprendido por Juan en una vida de trabajo no lo enseña ninguna universidad; se aprende a través de la práctica y de la experiencia de toda una vida.
Seamos empáticos con todas las personas y nunca discriminemos a nadie, sea por sexo, ideas, situación económica y mucho menos por la edad. Todos merecemos respeto.










