
COLUMNA ‘NIÑOS SANOS Y FELICES’. En la consulta pediátrica, cuando examinamos al niño, además de encontrar lunares, podemos ver manchas claras o manchas oscuras.
Las más comunes son las oscuras y las llamamos ‘manchas café con leche’.
Los pediatras las contamos y, si son de 6 o de 5 milímetros en niños pequeños o de 15 milímetros en adolescentes, pedimos la evaluación por dermatología y neuropediatría para descartar la enfermedad llamada neurofibromatosis, con incidencia de un caso entre 3,000 a 5,000 nacidos vivos.
Pero si el lactante presenta manchas claras en forma ovalada como ‘hojas de fresno’ y se asocian a alguna manifestación neurológica como hipotonía o convulsión, debemos pensar en otra enfermedad llamada esclerosis tuberosa. La frecuencia mundial es de un caso entre 6,000 a 10,000 nacidos vivos.
Ambas enfermedades tienen compromiso neurológico, siendo la esclerosis tuberosa más agresiva y de evolución más rápida en comparación con la neurofibromatosis.










