
Cuando se habla de anemia, casi siempre se asocia con la falta de hierro en la alimentación; sin embargo, existen factores sociales externos ligados a la pobreza que también contribuyen a su aparición en los niños. La nutricionista Erika Murillo, secretaria técnica de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza (MCLCP) en la región Moquegua, explica cuáles son y por qué los altos índices de esta enfermedad no se han podido reducir en años.
Además de una alimentación deficiente, ¿qué otras condiciones contribuyen a la anemia en niños?
También influye la pobreza. Eso quiere decir que, mientras más deficiencias haya en el entorno, como la falta de acceso a agua potable, agua segura o saneamiento básico, mayor será la exposición de los niños.
¿En qué regiones se acentúa esta problemática?
Las regiones que presentan más problemas son Puno, Loreto, Ucayali y Huancavelica, donde más del 50 % de los niños tiene anemia. Incluso, en los menores de 6 a 11 meses, la cifra supera el 60 %.
Justamente Puno se abastece del lago Titicaca, que presenta problemas de contaminación...
Así es. La política nacional establece la suplementación con hierro en los niños, pero ¿qué pasa cuando el pequeño toma un vaso con agua contaminada? Todo lo que se ha invertido y cuidado se va literalmente al tacho.
¿La parasitosis también influye en la anemia?
Por supuesto. Si no les damos agua tratada, potable o al menos clorada, no hay garantías de que ese niño que recibe tratamiento pueda superar la enfermedad.
La inseguridad alimentaria también aumenta el riesgo de anemia...
Claro que sí. Cuando las familias no tienen acceso a productos de mejor calidad, se agrava la situación. En algunas regiones, por ejemplo, tienen gallinas o cuyes, pero prefieren venderlos antes que consumirlos.
¿Cuáles son las cifras de anemia en los últimos años?
A nivel nacional, en niños de 6 a 36 meses, la anemia registraba alrededor de 40 % en 2019. En 2020 también fue de 40 %; en 2021 bajó ligeramente a 38 %. Sin embargo, en 2022 volvió a subir a 42 % y en 2023 y 2024 se mantuvo en 43 %. En la práctica, el problema se ha estancado.
¿Por qué no hay una reducción significativa?
Hay tres factores principales: los malos hábitos alimentarios, la mala calidad del agua y las dificultades económicas.










