La cantante Vernis Hernández se siente una mujer renovada en todo el sentido de la palabra, pero no solo por el radical cambio físico que luce, sino porque de a pocos está superando la depresión que le diagnosticaron años atrás y que fue originada por el maltrato psicológico que sufrió por parte de su expareja Carlos González.
La reconocida salsera cuenta que vivió un calvario durante trece años junto al empresario, quien la tenía presa en su propia casa y la engañó. Dice que podría escribir un libro y dar ‘tips’ de cómo descubrir a los infieles. Además, nos cuenta que está soltera, pero no aburrida porque no le falta cariño, y revela que varios empresarios intentan enamorarla con viajes a Dubái y lujosas casas.
Renovada en mente y cuerpo. Me siento superbién, con todas las energías del mundo para seguir con mi carrera, enfocada en mi relanzamiento y alistando mi primer concierto acústico digital, que será el 16 de enero y con muchos artistas invitados.
Un año sin trabajar es chocante, más aún porque había adquirido un departamento con todos mis ahorros. Llegó la pandemia y no puedo pagar las cuotas, si esto (los conciertos) no se activa el próximo año, no sé qué haré.
Tengo diagnóstico depresivo y estuve muy mal emocionalmente. Me reinventé en muchas cosas, vendiendo mascarillas, mamelucos y ahora con los dulces cubanos que preparo. No es un ingreso que me cubre todos los gastos, pero al menos me soluciona una parte. Trabajo desde que tenía 14 años, cuando vivía en Cuba, y podría vender piedras para que mi hijo pueda comer.
Las cosas que pasé con mi antigua pareja hicieron que se active el tema depresivo, ataques de pánico y ansiedad. Estuve un año con tratamiento psicológico y luego con psiquiatra hasta el año pasado.
Gracias a Dios que no, me fui antes de que pasara, pero estuvimos a un paso de llegar a eso.
Me ayudó mucho ir al psicólogo, porque te hace ver las cosas que tú no ves. Viví trece años de maltrato psicológico, yo creía que era normal que me restringiera las salidas, que me dijera lo que debía ponerme, me amenazó con mi carrera, con mi hijo… me tuvo en una burbuja y no quería que tuviera amistades.
Sí. Lo digo ahora porque me siento bien y lo cuento para que las mujeres que están pasando por lo mismo sepan que sí se puede salir de ese mundo, y no tengan que esperar trece años.
Sí. Desde hace siete años.
No tengo temor, pero me siento tan libre que quisiera seguir así. Me molesta el tan solo hecho de que me llamen y me digan: ‘por qué no me contestas’.
Obvio, porque pretendientes sobran y hay, pero no quiero. Viví limitada con una persona a quien tenía que pedirle permiso hasta para ir al baño.
Literal. Presa en mi propio mundo.
Hay de todo. Desde los que me invitan a Dubái hasta los que me quieren regalar casas.
Son empresarios. Uno que otro que te coquetea, pero corto las cosas en una y ahí queda. Me he vuelto bien directa y no me gusta mucho rodeo.
No. Creo en el amor y cuando aparezca se disfrutará todo el tiempo que dure.
Soltera pero no aburrida. Ya llevo ocho años separada, pero tú sabes que el cuerpecito necesita mantenimiento, ja, ja, ja.
He conocido a dos personas, pero no resultó y yo soy bien fresh. Hemos quedado como amigos y ahí nomás.
Totalmente.
Hummm… Ya puedo escribir mi libro, tengo demasiados, hay cositas específicas.
Son muchos y lo podría decir por experiencia propia. Hay hombres que no usan el aro de matrimonio, que esconden los celulares o que se levantan de la mesa para ir a hablar a otro lado.
Sí. Engordé muchísimo en la pandemia, por ansiedad y falta de trabajo. Me hice la manga gástrica con el doctor Raúl Layme y he bajado trece kilos. Me sentía mal físicamente porque no me servía la ropa, me invitaban a los programas y no quería ir. Me encerré en mi depresión.
Ha llegado una propuesta muy grande, el año que viene haré unos videoclips en el extranjero y estaré viajando a Europa y Japón.
Cuando empecé lo hice sola y pagué derecho de piso. Ahora hay mucha competencia, pero público para todas.
No la mejor, pero sí una salsera diferente. Tengo mi estilo, trato de mantenerlo y no variarlo.
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