Jaime Bayly reveló nuevos detalles sobre el distanciamiento que mantuvo con sus hijas mayores y confesó que una de las decisiones que más lamenta fue haberlas desalojado del departamento donde vivían junto a su exesposa, Sandra Masías. Jaime abordó este episodio en la columna que tiene en el diario El Comercio.
El escritor explicó que adquirió el inmueble hace dos décadas con el propósito de estar más cerca de sus hijas, quienes residían en esa ciudad. Según contó, la compra se realizó a pedido de su entonces esposa y, por recomendación de su abogado, tanto ese departamento como otro ubicado en el mismo edificio fueron inscritos a su nombre.
“Nunca debí comprar esa propiedad. La compré hace veinte años porque mis hijas vivían en esa ciudad. Viajaba cada mes para verlas. Mi exesposa me convenció de adquirir un apartamento para ella y nuestras hijas. Ingenuo yo, caí en la trampa”.
“Peor aún, con remordimientos por ser un padre ausente, compré también el piso de arriba. Por consejo de mi abogado, un hombre que no creía en las dulzuras del amor, ambas propiedades las registré a mi nombre”, confesó a El Comercio.
El panorama cambió cuando inició su relación con Silvia Núñez, quien actualmente es su esposa. Bayly relató que el desacuerdo con su exesposa por la presencia de su nueva pareja en el departamento desencadenó una crisis que terminó con la salida de ella y de sus hijas del inmueble.
“Dos años después, me enamoré de quien es ahora mi esposa. Esto causó una crisis familiar. Mi exesposa se llenó de celos y prohibió que mi joven amante viniera a mi apartamento para estar conmigo. Enojado, la obligué a dejar el departamento con jardín que ocupaba con nuestras hijas. No pudo permanecer allí en contra de mi decisión, ya que la propiedad estaba a mi nombre. Se fue, disgustada, con nuestras hijas. Le ofrecí dinero para que alquilara una casa, y no lo agradeció”, detalló.
Bayly reconoció que esa decisión tuvo un alto costo personal, pues aseguró que el vínculo con sus hijas se deterioró profundamente. Según relató, tras ese episodio dejaron de hablarle durante varios años, una situación que considera la consecuencia más dolorosa de sus actos.
“Decidieron vengarse alejándome de mis hijas. Me dejaron de hablar durante cuatro años. No debí expulsarlas del apartamento que les regalé y que decoraron con tanto entusiasmo. Fue un abuso vil, uno de los peores errores de mi vida. Ahora ese apartamento está desocupado. Cuando visito la ciudad, duermo en el piso superior y no me atrevo a bajar, convertido en un museo del desamor y las promesas incumplidas”, finalizó.
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