
Su voz tiene música, cargada de jirones donde se sobrevive. Su soneo no es tierno, es sincero y directo. Se fue del Perú, triunfó en Estados Unidos y ahora lo disfrutamos. Renzo Padilla es un salsero que cuenta lo que pasa en un ‘llonja’, en esa quinta a la que nadie se anima a entrar. Por eso le canta a la vida, a esas cosas que gustaba narrar Héctor Lavoe en su prosa.
Debe tener calle y observar.
Soy de Barrios Altos y un drogadicto perdido me dijo: “Si consumes, tu vida será muy corta”.
Saber salir de un bache cuando está solo.
Alguna vez veo que una parejita está discutiendo, cuento lo que pasa, les hago una broma soneando y se reconcilian.
Un ‘narco’ me pidió que haga un tema.
Sí y lo llamé ‘El bandido’.
En días y le gustó tanto que me pagó cuatro mil dólares y se encargó de producir el video.
Un tío cayó preso a ‘Piedras Gordas’, inocente, sin razón alguna.
Entró a su celda y los vagos lo tranquilizaron: “Tu sobrino es el ‘Borincaico’ y acá lo queremos. Así que estate tranquilo”.
Mis maestros fueron ‘Portorros’ y afirman que tengo ese estilo, pero pese a vivir agradecido con ellos, soy de la cultura inca.
Cuando me tocó estar con los monstruos de la salsa.
Llego al ensayo con un amigo, que venía con cámara para grabar todo.
Ray Barreto me pidió hablar aparte conmigo.
Me aclaró: “Si estás en esta banda, es porque estás al mismo nivel que nosotros. No estás para andar filmando sorprendido de acompañarnos”.
Converso en su mismo idioma y se asombran.
Me preguntan cómo sé tanta jerga.
Que también he caminado.
Pero antes de la pandemia viajaba todas las semanas porque me buscan para contratarme.
Es que hay los que les gusta llamar la atención.
Hago obra social, hoy que la gente la pasa mal, pero nunca me tomo foto ni cuelgo video en mis redes.
He cantado con los más grandes y ya no los pueden resucitar, así que no hagan mucho alarde.
Otro para ti y los lectores de Trome. Cuídense, que estamos mejor, pero el virus sigue.
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