Por: Fernando ‘Vocha’ Dávila
El mundo se paraliza, ella no. En tiempos de cambios obligados y una manera distinta de asumir la vida, Luz Marina Ceballos, una colombiana instalada en nuestra tierra hace muchos años, cuida de su familia, cuerpo y espíritu. Una buena manera de pasar este Sábado de Gloria.
No estamos encerrados, sino a salvo.
Cuando toca salir, solo lo hace uno de la familia.
Sí, ya tiene práctica.
Siempre me ayuda en los quehaceres de la casa.
Él pica las verduras, yo hago el resto.
Vine al Perú de 17 años y aprendí a cocinar solo potajes peruanos.
Casi nunca he tenido empleada.
Cuando grababa, me levantaba temprano para dejar todo cocinado.
Mi hijo Mateo me ha presentado enamorada.
No me meto, salvo que ellos me lo pidan.
Le llamo la atención, eso no está bien, soy mujer y no me gusta que lo hagan.
Aplico la ley del hielo.
Lo hago sin gritar.
No me detengo ni siquiera a mirarlo.
‘Señora bonita’. A mi esposo le gusta, porque reconocen que soy una dama comprometida.
Salto con una soga en vez de correr y pongo un edredón en el piso para hacer planchas.
Lleno dos bidones con agua y los levanto para fortalecer los músculos de los brazos.
Ninguno. Me sorprende cuando leo que algunos matrimonios, por esta cuarentena, se quieren separar.
No sufren tanto, son tiempos en que andan casi todo el día en las redes, eso ha hecho que manejen esto con calma.
Antes jugar significaba salir a la calle.
A mi gente linda del ‘Trome’ decirle que de nosotros depende que podamos salir adelante. Un beso para todos.
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