He ‘matado’ a una persona al aire y resultó que estaba viva. También dije que era hombre y realmente era una dama. Así se aprende, fregándola y te das cuenta de que debes ser más riguroso con la información.
En estos tiempos los chicos teclean para la web y no se cercioran de lo que han recibido. Antes éramos como ‘Alfonso Fernández’, el reportero de la película ‘Tinta roja’, o recibías el trato de ‘Peter Parker’ en el ‘Hombre Araña’.
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Alejandro Guerrero, en Panamericana. Leía mis textos, los arrugaba y tiraba a la basura. Me decía: “Allí están los periódicos, léelos y en media hora búscame”. Luego me presionaba: “Allí está el camarógrafo y no puede trabajar, porque no propones nada que sirva”.
Recién llegado a ‘Buenos días Perú’ me indicaron que vaya al Congreso y me meta a entrevistar. No tenía carné, solo era practicante. “No sé cómo haces, si no consigues la nota, te vas”, me dijeron. La logramos hacer y aunque digan que era un abuso, fue la forma de probarme y saber si podía resistir a la presión.
Sufro de alectorofobia (miedo a las aves de corral). Veía un pavo y para mí era ‘el cuco’. Cerca de la Navidad me mandaron que vaya a hacer una producción a un galpón donde criaban esos animales y debía cargarlos. Respiré y me metí, no los levanté, pero me paré junto a ellos.
Era recontratranquilo, no bebía, casi ni juergueaba. En ese tiempo el editor era Eduardo Guzmán y nos pedía que nos quedáramos hasta las 2 de la mañana. Acabábamos, mi compañera Andrea Llosa proponía ir a Barranco y juntarnos con otros periodistas. “Te voy a enseñar a subir tu nivel de tolerancia al alcohol”, me decía. Yo estaba ebrio y ella no.
Con un grupo de amigos estábamos en un bar y ocurrió el incendio de la discoteca ‘Utopía’. Estábamos ‘avanzados’ y la mayoría apagó el teléfono. Ese día dormí en casa de un amigo. Desperté y cuando quise salir, la puerta estaba con llave. Lo llamé y me respondió con voz bajita: “Estoy en la conferencia sobre el incendio. No iba a irme dejándote con la puerta abierta. Te ibas y dejabas mi departamento sin seguro”.
Hice una denuncia contra gente que manejaba el gremio de Construcción Civil, se averiguaron mi teléfono y me dejaban mensajes. Decían que me iban a matar, que conocían mi casa y otras cosas. Por precaución cambié mi rutina.
El ego que te genera la televisión te puede convertir en estúpido. Te infla y si no hay nadie que te baje, te vas como un globo de gas.
No visto como salgo en televisión, no tengo esa ropa en mi ropero. Cuando llego, siempre digo: “Dame el disfraz”.
Leo menos de lo que la gente cree. Empiezo y me distraigo. Además, me canso porque sufro de astigmatismo y miopía.
La televisión no deja madurar la fruta. En el noticiero matinal de ATV han pasado como treinta conductores y por eso lo llamamos ‘la silla voladora’, no sabes quién se queda y quién se va.
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