La cantante Eva Ayllón y entrenadora de ‘La Voz Perú’ confiesa que estos meses de confinamiento han sido muy difíciles porque no ha podido tener contacto con el público. Sin embargo, afirma que se siente como pez en el agua en el reality de Latina.
Muy triste y terrible. Gracias a Dios mi hijo Francisco tiene un estudio en casa y ahí me ponía a cantar, pero se extraña el contacto con el público. Tengo el corazón partido.
Lo mejor, la complicidad con mi hijo Francisco, tenerlo cerca, él es ingeniero de sonido y ahora está trabajando conmigo en el disco de mis 50 años. Lo peor, la pérdida de familiares y amigos a los que quería mucho.
La recibí en Estados Unidos hace unos meses.
No estoy de acuerdo con abrir un teatro para mil 500 personas y que entren 200. Prefiero esperar a que todo se restablezca.
Volver a visitar la basílica de la Virgen de Guadalupe en México y seguir paseando por donde pueda encontrar sol, mar y cerveza. Por la pandemia me estoy quedando sin color (risas). Me fascina estar negra.
La vida misma.
¡Que es una exageración! Lo dice por el cariño que me tiene.
Como pez en el agua. Mi tarea es enseñarles a los chicos todo lo que pueda, no me quiero ir sin mostrarles todo lo que sé.
Que sean humildes. Yo todavía escucho sugerencias y bajo la cabeza, no por vergüenza, sino como una señal de respeto. Yo me voy a morir y no voy a terminar de aprender y también de agradecer a quienes me ayudaron cuando empecé.
Me duele cuando dicen que soy soberbia o negra sobrada. No soy nada de eso.
Sentí que eso sí era verdad porque cuando estoy en el escenario, lo soy. Fuera de este ando en trenzas, sin maquillaje y en buzo.
La ternura, el respeto y la música.
La muerte y los terremotos. El último sismo me agarró en mi casa, en el quinto piso.
De todo, hasta rap y reggae.
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