Debo confesar que charlar con Carlos Carlín me lleva a los tiempos en que una aguja rozaba sobre el vinilo y salía una canción maravillosa. Esta conversación transita por esas rutas, con un lado A y B, que iremos explorando entre cada tema planteado y de este encuentro, conoceremos más de un hombre que nos generó y genera sonrisas, con la nariz roja y sin ella, como en esta oportunidad. Medio siglo por este planeta, vale la pena leerlo.
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Nunca y ahora menos.
Amo mi soledad.
Para qué traer más gente al mundo.
Puedo estar todo el día en mi casa sin salir.
Me cuesta mucho.
Tengo un grupo cerrado y son los de siempre.
Felizmente, ya no.
De chibolo me incomodaba con la pregunta: ¿Y tú cuándo te vas a casar?
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A esta edad me importa tres carajos.
Creo que existe una fuerza superior.
Soy católico, bautizado, pero no creo en la institución de la Iglesia católica.
Cero. Mi última decepción fue Martín Vizcarra, creí en él. Entendí que pongas la mano por el que pongas, siempre te va a traicionar.
Y clasista.
Es imbécil. Decían que el coronavirus nos iba a hacer cambiar y no pasó nada de eso, seguimos iguales y hasta peor.
‘Lavacarro’ en mi barrio de Barranco, pero salían las hermanas de mi mamá, se molestaban y me hacían entrar a la casa.
Es que yo paraba con mis amigos de los callejones.
El club del barrio llamado ‘Marcos Pasco’.
Un pata de la zona que un día se metió una borracheraza y así fue a jugar, le cayó un pelotazo y murió. El equipo llevó su nombre como un homenaje.
Mi papá me regaló una bicicleta y paseábamos frente a la iglesia.
Llegaba un flaco que se la pedía prestada a todos para pasear, regresaba y te la entregaba.
Lo hice y pasaban las horas y no volvía, casi se hacía de noche, vino mi papá y cuando le conté, me llevó para la casa.
Una vez agarré todo el año de tonto a un compañero y nunca respondía. Pero el último día de clases, me metió un puñetazo y solo me quedó sobarme e irme.
No lo hago bien. Y ahora, más viejo, menos.
No puedo. Por ejemplo, me resulta imposible tocar guitarra y encima mis dedos son chicos.
En el penal ‘Sarita Colonia’.
Un policía me dijo: ‘Quieren que entres al pabellón, pero no podemos acompañarte’ y respondí por qué no y entré. Todos me reconocieron.
En ‘El Chavo del 8′, Don Ramón le dice a la tía de Patty: ‘Cosita bien hecha’.
Los tocadiscos. Mi hermano me compraba los LP de The Beatles. Él aprendió inglés escuchándolos.
Cuando volteabas el disco o ibas a poner otro, era todo un ritual.
Qué felicidad que me puedan nombrar entre los posibles conductores de un programa tan exitoso, pero no es lo mío.
Con Johana San Miguel nos hemos juntado para ‘Un cuentazo de Navidad’. Después de trece años presentamos este show virtual y pueden adquirir sus entradas por la plataforma de Joinnus.
Un saludo a los lectores de Trome.
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