El 22 de junio del 2023 el VAR se presentó en sociedad en la Liga 1. No llevaba traje, solo cámaras. No hizo reverencia, entró con vehemencia. Su rostro era una pantalla, su cabeza estaba compartida con seres humanos. Más de tres años después, tiene enemigos, poca confianza y cada fin de semana hay un escándalo como sucedió hace días en el empate de Universitario ante Melgar y la victoria de Alianza Lima en Cusco. ¿Se usa mal? ¿No se sabe usar? ¿No se puede usar? Veamos.
Según Mediapro, empresa encargada de la tecnología del VAR, los equipos son instalados ocho horas antes de los partidos y el mínimo es de cuatro cámaras que debe tener una transmisión, dos centrales y dos cerca a las áreas y estas son aportadas por el Broadcaster que tiene los derechos de la Liga 1. ¿Eso se cumple? La verdad que no. En el Monumental no hubo una sola toma clara de la polémica jugada entre Edison Flores y Matías Lazo. En el Cusco, no existieron imágenes que aclararan si Kevin Quevedo estaba o no habilitado en el gol de Alianza.
“El número de cámaras finales puede ser de ocho, diez, doce, etc, pero el máximo de cámaras que usa el VAR es de ocho”, se dijo en la conferencia del 22 de junio del 2023 cuando quien escribe fue uno de los periodistas invitados a la presentación del videoarbitraje. Nunca se llega a las 8 cámaras, ni a 6, ni a 5.
Según fuentes, cada cámara que se instala para el VAR tiene un costo y quienes lo asumen tampoco estarían dispuestos a desembolsar demasiado dinero. Es decir es un servicio a medias que se convierte entonces en un mal servicio. La consecuencia es que muchas veces ninguna toma aclara lo que se necesita aclarar.
Repasemos: el VAR no llamó a Bruno Pérez a revisar la jugada entre Flores y Lazo porque quizás no tenía qué mostrarle al árbitro. En Cusco se trazó una espantosa línea y ni así Kevin Quevedo quedaba en fuera de lugar. Sigamos, en el Callao hubo un posible penal contra Percy Liza por un toque abajo en el área en el primer tiempo. Nada. En el mismo partido, Carlos Zambrano estampó un codazo a José Ingratti de Alianza Atlético y en el VAR escuchaban música, porque nunca convocaron al juez Julio Quiroz a que revise la acción y saque roja.
Nos quedamos en esta Liga 1 2026 y recordemos: ‘criminal’ falta al tobillo de Marco Huamán por parte de Luciano Nequecaur en el Boys vs. Alianza Lima (Clausura) y el VAR apagado. Tenían la toma, no hubo llamado. Penal inexistente que le sancionan en contra a la ‘U’ frente a Cusco FC sin toma clara (Apertura), terrible codazo en Cutervo contra Jairo Vélez de Alianza Lima que no motiva un llamado del VAR (Clausura), pisotón de Alex Valera a Alexis Cossio en el 2-2 de la ‘U’ ante Comerciantes Unidos (Clausura) y del VAR ni rastro, gol a favor no cobrado al Sport Boys contra Sport Huancayo de visita (Clausura), etc.
Continuemos que espacio hay: el VAR anulando polémicamente el empate de Deportivo Garcilaso ante Sport Huancayo (Clausura), córner inexistente para Alianza Lima que acaba en el gol del triunfo contra UTC (Apertura), gol invalidado a FC Cajamarca contra Los Chankas que no quedó claro (Clausura) y podríamos seguir pero la historia apuntaría a no tener final. El videoarbitraje llegó para echarnos una mano, pero nos está pegando con las mismas. Quienes están al frente de las pantallas no tienen capacidad y las cámaras no tienen el número necesario. Todo es al ‘caballazo’, como en la final de la Liga 1 2019 donde a fuerza se instó a usar el videoarbitraje, que nunca estuvo en el reglamento. Aquí todo es un circo.
En este 2026 sigue quedando claro que el VAR es una suma de máquina y hombre, pero que los dos están malogrados.
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