En esos tiempos, el uniforme escolar era pantalón plomo y camisa blanca. En mi insignia decía ‘AU’, siglas del colegio ‘Alfonso Ugarte’, y todos en el salón debatíamos sobre el equipo que jugaría en España 82. La frase de moda era: el puntero mentiroso. Uno de los que había sido transformado en ese nuevo puesto era Eduardo Malásquez. El ‘Flaco’ jugaba, la ‘rompía’, era indiscutible en el once, pero en el Mundial nadie lo vio en la cancha. Esta es su versión.
Juan Carlos Oblitas estaba en Bélgica y Gerónimo Barbadillo en México, y no podían venir para los partidos de preparación.
El profesor ‘Tim’ fue un adelantado, me ubicó por derecha, pedía que regrese en diagonal para apoyar a José Velásquez.
Imagínate que cuando atacábamos éramos seis y luego defendíamos con siete.
Nunca podían quitarnos la pelota, sino pregúntale a los franceses.
Son argumentos que no van y mucho menos que el equipo se quemó en la gira previa.
Te explico: nos levantábamos a las 6:30 de la mañana a realizar trabajos de fondo por 50 minutos. Al mediodía, un rato en el gimnasio y en la tarde, partido de práctica.
Lo que se tiene que decir se dice en su momento o te callas para siempre.
El profesor siempre decía: ‘El equipo de la gira es el que va a jugar el Mundial’.
Era experiencia y juventud. Ese equipo se conocía a la perfección.
Se cambiaron los actores. ‘Patrulla’ (Barbadillo) en la derecha no se movía.
Venía de la liguilla final en México, de jugar cinco o seis partidos en 12 días y ya no era un chiquillo.
A Cubillas había que respetarlo por la trascendencia, la imagen y el estandarte que es a nivel internacional, pero sé que él reconoce como error haber vuelto al equipo.
No regresas porque lo quieres tú, sino por aceptación a nivel dirigencial y de jugadores.
La culpa no es del que se metió a la fiesta, sino de quien permitió que lo haga.
Él vivió un gran problema personal, que si a un joven le pasa lo acaba. Imagínense eso en un hombre de 67 años, con mayor razón lo tumba.
Hay otros y todos lo sabemos, pero no lo diré porque tengo códigos.
Antes de ese Mundial, el 70 por ciento de los jugadores estábamos en posibilidades de ser vendidos al extranjero.
Después de las Eliminatorias, Sporting Cristal recibió una oferta de tres millones doscientos mil dólares por Julio César Uribe y no aceptó, porque esperaba que después del campeonato iba a subir su cotización. Al final lo vendió al Cagliari por 800 mil dólares.
A ustedes y que pasen unas buenas Fiestas Patrias.
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