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'Las mil y una de Ruckelly': Paolo Maldonado y cómo dejó de ser el rey de las 'juergas' en Universitario

Lee la columna de Ruckelly, con las historias del deporte nacional. Hoy nos habla sobre Paolo Maldonado yÁlex Magallanes.

MANZANITA DEL DIABLO

Los búnkers, las casas solas y suites no siempre han existido en el ambiente de la pelotita. Los ‘points’ de los para sus ‘fiestitas’ eran distintos a los de ahora. Chicas, trago y música a todo volumen son ingredientes que nunca han faltado. Pero como en la cancha, hay un líder, el organizador, quien se encarga de poner las pilas y armar el tono. Paolo Maldonado fue uno de ellos. Volante creativo, pícaro y rapidito dentro y fuera del verde. Su departamento siempre estaba disponible y solo tenía una regla: Nadie se iba hasta el día siguiente. 

En el 2000,  Paolo Maldonado defendía a y tuvo la genial idea de armar una parrilla en el jardín de la casa de ‘Pocho’ Dulanto. Con el paso de las horas, el whisky trepó como en ascensor en su 1,66 m de estatura. Prendió la radio del auto a todo volumen para alegrar el ambiente. Ya en la madrugada, algunos vecinos empezaron a quejarse. “Oye, payaso, anda a hacer bulla dentro de tu casa... ¡Apaga la música, vamos a llamar a Serenazgo...!”, fueron algunas advertencias para Alfonso. El silencio solo duraba cinco minutos y otra vez la música, alboroto y algarabía. El ‘chato’ estaba más embalado que campeón de Fórmula 1. 

Ya no había comida, poco trago y un nuevo día empieza a llegar. Con algunos amigos enrumbó a la playa ‘La Herradura’, en Chorrillos, para terminar la reunión. Así estarían más cómodos, lejos de ‘sapos’, quejas y con aire fresco. Prendió la radio de su automóvil y se puso a bailar solo. Contoneaba y movía brazos y caderas más que Shakira. Estaba tan empilado que abrazó por atrás a su excompañero Alexis Ubillús y juntos hicieron el famoso ‘trencito’ al estilo de una pegajosa lambada. Pero Paolo Maldonado nunca imaginó que sus pasitos calientes con el ‘Loco’ serían grabados por un programa de espectáculos y transmitidos en televisión nacional. Hasta ahora su pasado lo persigue cuando entra a YouTube. Sus reuniones nunca más fueron las mismas. Desde esa fecha, empezaron a aparecer los bunkers, casas solas y depas para las escapaditas. Lejos de camaritas y ‘sapos rabiosos’.

AL RINCÓN, QUITA CALZÓN

Álex Magallanes siempre ha sido palomilla, quimboso, alegre y bonachón. Tras una excelente temporada en San Agustín, el ‘Maga’ llegó a Sporting Cristal en 1994. Y como buen novato pagó derecho de piso en La Florida. El entrenador Juan Carlos Oblitas decidió que debía concentrar con el experimentado Marcelo Asteggiano para que le enseñe los secretos de la pelotita y formas de comportarse de un futbolista. Álex tenía apenas 20 años, su compañero de habitación, con 29, había pasado por Racing, Cruz Azul, Huracán, Peñarol y Universitario. No le quedaba otra que respetar, obedecer y soportar al experimentado defensa. “El ‘tío’ parecía que tenía sangre caliente. Le gustaba tener el cuarto con el aire acondicionado al máximo. 

Una vez se quedó dormido, intenté apagar el aire y casi me gano un golpe. Tenía que andar con casaca, así fuera verano. Bajaba a comer bien abrigado y los compañeros hacían hora conmigo. Yo no decía nada, el único que sabía todo era Erick Torres”, recuerda Álex Magallanes. Ambos subieron a la habitación y el ‘Charapa’ casi se enferma. Comprobó que el volante dormía en una congeladora. “Ese ‘tío’ está loco, no te puedes quedar así, hay que joderlo al viejo...”, maquinó el ‘Charapa’. Asteggiano, como buen argentino, era cabulero hasta los huesos. Si ganaba un partido con un calzoncillo, lo lavaba y de todas maneras se lo ponía en el próximo duelo. Ese fue el punto de la ‘venganza’. 

“Antes de un encuentro, revisé su maletín y le saqué el calzoncillo. Llegamos al vestuario en el estadio, Marcelo se dio cuenta que le faltaba una prenda, se puso como angustiado. No le quedó más que ponerse otro que le alcanzó el utilero, pero presentía algo malo. El ‘tío’ no se equivocó. Ese día perdimos y regresó al hotel con cara de pocos amigos. Luego le dije: “Ya tío, no se ponga así, seguimos punteros, no es para tanto. Me miró feo, se acercó a mi maletín y encontró su calzoncillo. Tuve que salir corriendo del cuarto...”. Esa noche, Álex Magallanes tuvo que dormir con el ‘Charapa’. Asteggiano no lo quería ver. Al día siguiente, más tranquilo, Álex le pidió disculpas. Le hizo saber su incomodidad del frío, limaron asperezas y juntos fueron tricampeones con Cristal.

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