Eran otros tiempos. Por esos años, el programa más visto en nuestro país era ‘Trampolín a la fama’, la genial ‘Chabuca’ Granda había ganado el Festival OTI, ‘Vale el saber’ tenía cautivados a todos y la selección había clasificado al Mundial de Argentina 78. El fútbol paralizaba a la patria y Juan Carlos Oblitas era el jugador que provocaba aplausos en los hombres y suspiros en las mujeres. Era una de las ‘estrellas’ y hoy, pese a que han pasado cuatro décadas, sigue siendo el ‘Ciego’, del que todos hablan y comentan.
Por allí enamoré a mi mujer.
Me dijeron: ‘Papi, las tenías lindas’.
Naturales por familia de parte de mi mamá, aparte que jugué siempre en la playa y mi tierra, Mollendo, es de subidas y bajadas.
Iba y venía a pie del colegio.
Casi treinta minutos y en ese tiempo se estudiaba mañana y tarde.
Ya no, la edad jode.
Para nada. Tenemos que ser inteligentes y dignos para hacerlo.
Que me tiña el cabello y respondo: ‘Si lo hago, me convierto en esclavo del tinte’.
Las arrugas y achaques los vas a tener.
Agradezco a Dios que estoy muy bien.
Bicicleta estática.
Salía a caminar, pero por una hernia prefiero hacerlo en casa.
La gran diferencia es la televisión.
En mis tiempos solo se transmitían los partidos y allí acababa todo.
Ahora se difunde mucho más la vida del jugador.
Ahora un jugador sale con el tema del ‘TikTok’ y esas cojudeces.
Hay jugadores que piden: ‘No se metan en mi vida privada’, pero si todos los días salen con: ‘Estoy comiendo tal plato, estoy yendo al baño...’.
Claro que lo hago con ellos y mi esposa, pero eso queda en la interna.
Mi grado del ridículo no llega a tanto.
Me divierto muchísimo.
Quien más disfruta es mi esposa, llora de risa. Ella me avisa cuando comienza y hasta se burla de mí.
Es tan bueno que hasta hace que me caiga mal el ‘Cholo terco’.
Si eres personaje público y no tienes ‘cancha’ para burlarte de ti mismo, mejor dedícate a otra cosa.
Es que eran puros feos.
Mi papá no quería y le dije: ‘Tranquilo, voy a ser de los mejores futbolistas’.
Me casé joven y siempre me dije: ‘O escojo la felicidad de mi matrimonio o me vuelvo loco’.
Siempre preferí el cariño de mi esposa y mis hijos.
Aplicando la inteligencia emocional.
Solamente hay que elegir una vida tranquila y si no quieres eso, no te cases.
Es que un par de veces en Bélgica, por el abrazo, me sacaron los lentes de contacto.
Agachaba la cabeza y me daban palmaditas en la nuca.
Negrito sinvergüenza. Muy machito, cuando le tocaba marcarme se iba para atrás.
Él y Augusto Prado te daban con todo, pero nunca con mala intención.
Tuve otros buenos encuentros, en ese duelo la presencia de Juan José Muñante me ayudó mucho.
Todos sabían de él, en esos tiempos era el mejor puntero derecho del mundo y se concentraron en marcarlo.
No. Me da un poco de nostalgia, además todos entran en comparaciones con los seleccionados de hoy y eso no está bien.
Mientras tenga estas fuerzas, seguiré. Sé que estoy aportando y disfruto de lo que hago.
A ustedes. Ya saben, cuídense mucho y no jodan tanto, ja, ja, ja.
Contenido GEC