Esta la historia de un hombre, que aparte de su familia y amigos, nunca tuvo hinchas. Porque eligió ser árbitro y los jueces siempre provocan odio, del que pierde, y a veces hasta del que gana. Federico Sosa debutó en Primera división dirigiendo el Sport Boys frente a CNI en Iquitos, pero después la profesión lo llevó especializarse en encuentros de ‘Copa Perú’. A puertas del regreso del torneo que une a todas las regiones del país, estas son sus más sorprendentes anécdotas impartiendo justicia en los campos de juego.
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Si, era mi debut en Primera división.
Cuando eres nuevo, te tratan de amedrentar, hablarte para manejarte a favor de ellos.
Te dicen que estás favoreciendo al local.
Él fue el más caballero.
Víctor Rossel era quien más reclamaba. Lo tocaban y quería que cobre a su favor.
Él, cuando empezó el segundo tiempo, se me acercó y me dijo: ‘Disculpe, nos hemos equivocado. Lo vamos a dejar trabajar’.
Mostré 9 tarjetas amarillas y 3 rojas.
Apliqué el reglamento.
Al finado Juan Pablo Vergara le había mostrado la tarjeta roja y me cruce con él en la plaza de armas de Cajamarca.
Me saludó muy correctamente y me aclaró que después del partido, sigue el respeto y la amistad.
Definitivamente lo segundo.
Una vez nos llevaron a Yauyos y la cancha estaba en la punta de un cerro.
De camino era media hora y al llegar era una meseta. Allí estaba construido el terreno de juego.
A veces diriges con un policía, otras veces, tú solo. No hay guardias para la ciudad, menos va a tener un partido de fútbol.
En Juliaca el coronel se acercó y me dijo: ‘Toda la vida acá salimos en tanqueta, no queremos eso’.
Deseaba que gane al local para evitar problemas.
En el Callao sanciono una falta, los jugadores vienen a reclamar y en el tumulto, se mete un delegado, y me mete un puñete al estómago.
Se lo devolví.
En el estadio ‘Telmo Carbajo’, yo estaba de juez de línea, y le querían pegar al árbitro principal. Me puse en medio.
Siempre dirigía en ese estadio y como me conocían, aproveché eso para frenarlos: ‘Si quieren pegarle, primero tienen que pelearse conmigo’. Menos mal todo quedó allí.
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En Tingo María. Un tipo se metió a mi habitación del hotel, sacó un pistola y me exigió que gane su equipo.
Lo miré tranquilo y le dije: ‘O sea me quieres matar. Así vas a ir asesinando a todos los que vengan a dirigir’. Menos mal se fue.
Ganaron porque tenían un equipazo. No entiendo por qué buscaban que el árbitro los favorezca.
En Talara dirigí tuve a mi cargo un partido de Torino.
Cobré una falta y un jugador me pisó.
Lo peché. No es lo correcto, pero tenía que hacerme respetar.
Por ejemplo, los gemelos José y Marcelo Zamora, que defendieron CNI; Cienciano, Cristal, siempre que me tocó arbitrarles, me regalaban su casaca. Eso es un lindo gesto.
A ustedes un gran abrazo.
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