El fútbol es como la vida. Siempre se toman decisiones, algunas resultan acertadas y otras, equivocadas. Carlos Elías defendió los colores de Sport Boys y tuvo de compañero a Nicola Porcella, cultivaron una amistad y hoy revela un detalle poco conocido del ‘Guerrero’. También supo del placer que se alcanza al ser el ‘héroe’ de una tarde especial y la angustia de no saber cuando cobrar. Revelaciones imperdibles del chalaco nacido en el Barrio Obrero Frigorífico.
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Lo conocí en Sport Boys y no tenía para el micro. Yo tenía mi auto, él me pedía que lo jale hasta el óvalo de Av. La Marina y allí chapaba su bus. Era de los que entrenaban y no se duchaban en el vestuario, subía sudado a la ‘caña’ y todo terminaba oliendo mal. En ese tiempo las chicas no se morían por Nicola Porcella. Era flaco, pelucón y parecía una mujer. Llegó de delantero y como no hacía ni un gol lo bajaron de defensa. Después triunfó en ‘Esto es Guerra’ y siguió humilde como en los tiempos en que jugábamos.
En Sport Boys demoraban en pagar. La presidenta era Karla Bozzo y todos los días anunciaba que llegaba con nuestra mensualidad. Un día avisó que ya estaba en camino. Esperábamos impacientes después del entrenamiento y por fin apareció con unas cajas y sonriendo. Cuando quisimos hacer fila para cobrar, empezó a repartir sánguches de chicharrón. Decíamos es fiesta, nos vamos con billete, y nos explicó que el cheque había rebotado en el banco y para alegrarnos nos dieron panes.
No saben cómo son esos dos cuando despiertan. El primero anda con gel todo el día, porque es recontra ‘trinchudo’ y en las mañanas cuando abre los ojos, asusta. Peor es ‘Drogba’, se sienta en la cama y todo se le va para adelante y da miedo. Es el único jugador al que se le tiene que conseguir cuarto de una sola cama. No es exageración, nadie desea concentrar con él porque, despeinado y recién despierto, es una cosa espantosa.
Era un personaje con una moral a prueba de balas. Iba a los entrenamientos con camisa, zapatos en punta, pantalón con cierres por todos lados. Era extraño, todos usábamos zapatillas, polos, pero él vestía como los Hermanos Yaipén. Lo poníamos al centro, lo vacilábamos, le decían: ‘Como en Boys no pagan, te recurseas cantando’ y se reía. Lo sorprendente es que al día siguiente venía vestido igualito. Nunca cambió su estilo, por eso mis respetos.
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Estaba en juveniles de Alianza Lima, usaba chimpunes negros y me empezó a ir mal. Me expulsaban, no hacía goles y de casualidad usé unos rojos y todo cambió. Empecé a destacar, me subieron al primer equipo y de allí pasé a Sport Boys. Conseguí una marca que me auspiciaba, me daba ropa deportiva y también ‘tabas’ para jugar. Me dieron unos negros y otra vez llegó la maldición. Decidí llamar a la fábrica y avisarle que me pueden dar de cualquier color, pero oscuros nunca más, porque solo me traen mala suerte.
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