Fueron inseparables, hasta vivieron juntos (Foto: Lenin Tadeo)
Fueron inseparables, hasta vivieron juntos (Foto: Lenin Tadeo)

En este mes, el Callao parece guardar un minuto de silencio. Fue por estos días que su ídolo máximo —el hombre que representaba en cuerpo y alma al chalaco de a pie— partió a la eternidad. En los jirones del puerto, donde ser “palomilla” es una obligación, se le rinde homenaje al inigualable Carlos Flores Murillo.

Kukín”, como realmente todos lo conocen, es la bandera que flamea en el recuerdo, el banderín que anda “colgado” en las conversaciones futboleras y, también, el palomilla que cumplió el sueño de todos los que nacieron en esa tierra: vestir los colores del Sport Boys.

Hincha confeso de los “rosados”, fue el único que podía pisar los barrios más calientes y lo cuidaban. Se fue un 17 de febrero de 2019, hace ya 6 años, pero quienes convivieron con él y lo quisieron lo recuerdan con una sonrisa.

Omar “Caramelo” Zegarra fue uno de sus mejores amigos y él sabe, mucho más que cualquiera, de las virtudes y defectos del zurdo porteño.

El bailarín

Con “Kukín” hemos ido a fiestas y reuniones. Cuando se “empilaba”, quería entrar a la pista de baile, pero no la hacía. Un crack fuera de serie, pero bailando, como era zurdo, tenía tres pies izquierdos. Por eso, su “vacilón” era pararse a un costado y bromear con todos. Soltaba un chiste, festejaba riendo, caminaba una cuadra y regresaba para seguir fastidiando.

El amiste

Cuando se distanció de Mario Gómez, yo tuve que intervenir. A “Kukín” le molestaba que yo parara más con “Machito” que con él y me reclamaba. Un día organicé un campeonato de fulbito en Chucuito e invité a ambos. Llegaron recelosos, pero los llamé y les dije que, como somos chalacos, nos íbamos a ver siempre. Desde ese momento volvieron a darse la mano.

El respeto de los “bravos”

Le gustaba unir a la gente. Alguna vez estábamos en una fiesta en un local y él veía gente de barrios que se tenían “bronca”; entonces los llamaba y les pedía que estuvieran tranquilos, que habían llegado para pasarla bien. Los muchachos le decían que estaba bien, que respetarían la reunión.

El ídolo

Solo él podía ir a cualquier lugar del puerto y la gente lo recibía con cariño y respeto. Le decían que no se preocupara por nada. Cuando falleció, el ataúd entró a todas las zonas “prohibidas” y no hubo un solo problema. Sin duda, fue y es el “10” de la calle.

Una de las tantas pintas que adornan en todo el Callao (Foto: Lenin Tadeo)
Una de las tantas pintas que adornan en todo el Callao (Foto: Lenin Tadeo)

Mano abierta

Un año, con Sport Boys, nos fuimos a jugar a Arequipa. Estábamos concentrados y él salió muy temprano por la mañana. Regresó varias horas después, caminando y sin zapatos. Sorprendido, le dije: “¿Te han robado?”. Sonrió y me respondió: “No me roban en el Callao, ¿y me van a robar acá?”. Y agregó: “Fui a visitar a mi ‘causa’ que está preso aquí, en el penal de Socabaya. Lo encontré y no tenía zapatillas y por eso le di las mías”.

El corajudo

Cuando tenía que pelear, con su brazo hacía un “remolino”. No “aflojaba”, era valiente. Iba sin importarle si podía perder. En resumen, era un tipo de mucho coraje.

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