Durante 30 años como médico deportivo, el doctor Julio Grados ha vivido las anécdotas más alucinantes que cualquier hincha del fútbol pueda imaginar. Adentro y fuera de estadios, aviones, concentraciones, canchas y camerinos. Todas, o al menos 100, las ha plasmado en su reciente libro: ‘Los meniscos del fútbol peruano’.
Para sazonar la entrevista, nos regala un relato que ocurrió en 2006 cuando atendió al astro argentino Diego Armando Maradona y tuvo que auscultarle la nalga izquierda (léelo aquí: ‘La noche que le toqué el culo a Maradona’). Otra, que recuerda con mucha nostalgia, es su amistad con el barrista de Universitario de Deportes, ‘Misterio’.
Hace años tenía el hobbie de escribir anécdotas en mis redes sociales. Con la pandemia me animé porque tenía más tiempo, me puse a ordenarlas, a reescribirlas y darle forma para publicar un libro. Entonces, son 100 historias acerca de mis 30 años en el fútbol. Anécdotas que me han tocado pasar, pero siempre tratando de buscar un lado positivo. Sobre todo, diciendo cosas que pienso, pero rescatando algo positivo. La idea del libro no es contar chismes, sino tratar de llevar un poco de enseñanza.
Hay dos aspectos, tratar de transpolar mis sensaciones al papel es muy difícil. Lo otro, los códigos. Es bastante difícil, para mí, tratar de no romper ningún código y creo que lo he logrado. Aunque en algunos momentos rozo un tipo de comentario, pero es un comentario personal. Por eso, en el prólogo del libro yo pido disculpas, pero no lo hago con mala intención, sino son opiniones para mejorar. Por eso, para mí es muy importante no caer en la parte antiética.
Hay para una segunda y tercera parte.
Son tantas.
Yo lo conocí a Maradona de hincha, lo veía jugar. Tenía la edad que yo tengo. Bueno, y cuando llegó el 2006, hubo un partido en el Estadio Nacional y a mí me eligieron ser médico de los extranjeros. Yo qué más quería, estaba saltando en un pie. Era Maradona, mi ídolo. En el entretiempo tuvo un problema en la nalga porque se raspó y le dolía la cadera. Yo lo atendí. Fui y le puse una ampolla y un parche de tensoplast y justamente en esa parte, en la nalga izquierda. Y me dijo: “Sos un genio, figura”. Yo estaba en las nubes. Me firmó una camiseta que hasta ahora no la encuentro. Para mí fue una cosa… después de tres años lo gocé o lo sufrí en el estadio de River Plate, cuando Palermo hizo un gol en los últimos minutos. Él estaba de técnico, con el gol se tiró de panza.
Fui uno de los pocos que le agarró la nalga izquierda.
Fue en Porto Alegre, ya habíamos ido varias veces con la San Martín. Ya conocía la ciudad. Bueno, nos tocó el doping con Aldo Corzo y Pedro García, de San Martín. Y estaba Ronaldinho con el defensa Juan. Ronaldinho llegó en short, medias y un polito. Ya le habían sacado la ropa los hinchas. Y en el doping terminó de ser desnudado. Pedro García se llevó las medias de Ronaldinho. Y nos tomamos unas fotos. Es muy alegre, muy sencillo.
El libro inicialmente iba a tener otro título: ‘El médico que se metió a la cancha’, con eso quería reflejar que desde niño me encandiló el ambiente del futbol, pero nunca lo pude jugar porque no tenía las condiciones.
Yo soy un jugador frustrado vestido de médico. Entonces, como que aprendí los códigos, sé como hablar con un entrenador, llegar a los jugadores. No es fácil mantenerse en un ambiente en donde hay muchos celos, mucha envidia, intereses, hipocresía. Mal que bien, pude mantenerme 30 años. Recuerdo mucho cuando llegábamos de la Videna al Estadio, cuando jugaba la selección. Toda la gente en las calles, ilusionada, es emocionante.
Totalmente. Yo tenía mis caseritos. Uno era Erick Delgado. Cuando tapaba para la selección, pero más con Municipal. Le decía: “Erick, ¿cómo es? ¿Sí o no?”. Y él respondía: “Tú ya sabes”. Cerraba el ojo y hacíamos tiempo. También con Butrón. El ‘Chino’ Contreras en Paraguay, cuando nos ganaron 1 a 0, por una falla del ‘Loco’ Vargas. El ‘Chino’ se desgarra, faltaban ocho minutos para que acabe el partido. Estábamos cero a cero. El ‘Chino’, desgarrado, me dijo: “No me saques, Julio. Si tú me sacas, te pego en el camerino”. Así me dijo, de frente. Al costado estaba Da Silva, un paraguayo grandote y me insultaba en guaraní, también me quería pegar. El ‘Chino’ se quedó. Pero al poco rato llega el gol de Paraguay.
Claro, totalmente. A veces, cuando entramos, corremos más despacio, o más rápido. Dependiendo la situación.
No tengo la información oficial. Es difícil opinar así. Pero si es lo que se lee: una recaída de una cirugía de cartílago, pues el tema es bastante delicado, ¿no? Porque el cartílago es la zona más noble, si quiere operarse y seguir, es un tema personal, pero es demasiado complicado si es una recaída de cirugía de cartílago.
Sí. Por ejemplo, el caso de Iván Bulos es un reflejo de eso. Él prácticamente se retira por la suma de lesiones.
Inicialmente, una segunda idea, era ponerle ‘Los meniscos de ‘Lolo’ Fernández’, pero no estuve de acuerdo, porque me iba a sesgar el público. Ese título era porque cuando yo empiezo con Universitario de Deportes, en el estadio ‘Lolo Fernández’ habían unos frasquitos de formol que tenían los meniscos de ‘Lolo’ Fernández, eso es cierto, y también de ‘Toto’ Terry. Pero quedó ‘Los meniscos el fútbol peruano’.
Creo que es el primer capítulo, la historia de cuando llego al ‘Lolo Fernández’. Me recibió ‘Misterio’, ‘El Zorro’, ‘El Pato Lucas’. Yo escribo cómo fue empezar mi trabajo ahí. Yo logro concretar un sueño de infancia.
Claro, él me abría la puerta del ‘Lolo’.
Claro que sí. Lo que pasa es que yo llego a ‘Lolo’, recién había acabado mi especialidad, y tenía la misma edad que los jugadores. El portón de ‘Lolo’, de la calle Odriozola, es un portón inmenso, que parece un portón medieval, de un castillo. Para abrir la puerta se demoraban como seis minutos. En ese interín, afuera, estaban los barristas más avezados, pero era más tranquila la cosa. Los líderes ahí eran ‘Misterio, ‘El pato Lucas’ y ‘El Zorro’, que era guardaespaldas del ‘Gordo’ González. ‘Misterio’ me trataba como un amigo, nunca me dijo ‘bájate algo’. Me decía: ‘Julio, voy a hacer una pollada, colabórame’. Yo conversaba con ellos. Ese recuerdo me emociona. Yo estuve en Universitario sin cobrar dos años. Era más pasión que otra cosa.
Yo era hincha crema de niño. Después uno pierde un poco la pasión, pero tengo mi corazoncito.
No soy mucho de eso. Pero con un comando sí hemos salido a tomar un vino, una cosa así. En algún viaje, pero esas cosas son top secret. Si te contara cada cosa, me iría a la cárcel ja, ja, ja.
Leao Butrón me dijo: ‘Julio, espero que me hayas tratado bien’.
El capítulo se llama ‘Alguien sí se escapó del Hotel el Golf’ y como que el morbo se enciende. Espero que lo lean y les guste, nada más.
Quiero agradecer la acogida. Me ha sorprendido cómo me están llamando. Los invito a que lo lean, es un precio barato. Todavía me quedan algunos ejemplares. Lo que encontrarán es una lectura fácil. Al futbolero le va a encantar, porque toco cosas que se conocen y otras que no. Y una visión del fútbol por adentro.
Contenido GEC