Franco Enrique Navarro marcó una época como jugador con la ‘Blanquirroja’. Goleador con clase y macho para enfrentar a los defensas más pintados. Estuvo en España 82 y fue protagonista de un partido de Eliminatorias que lo marcó literalmente.
Vi el partido, estoy más viejito y me he vuelto más nostálgico, ja, ja, ja.
Fue friccionado, áspero, de mucho contacto, se jugó con cara de perro rabioso.
Le metí un enganche que ya todos lo volvieron a ver. La definición de Juan Carlos Oblitas es sensacional. Ese tanto lo gritamos a todo pulmón.
Con mi hijo. Muchos amigos del fútbol me han escrito, de Perú y otras partes del mundo, para recordar cada jugada o decirme que ese día estaban en el estadio.
Entre Passarella y Clausen, lo más suave que me decían era que me iban a ‘matar’. Lo peor de todo es que lo hicieron en Argentina.
Fue terrible. Me sacaron del partido, lo cumplieron.
Me dio mucha bronca no haber podido colaborar con mis compañeros. Quería matar a (Julián) Camino.
En el estadio de River tenían montada una clínica, me evaluaron, tenía distensión de ligamentos, meniscos afectados, la rodilla estaba totalmente inflamada y hasta había aluminio de los toperoles de los chimpunes de Camino.
Volví en los minutos finales. En el hotel lloramos mucho. Fue una pena quedar fuera del Mundial.
A los dos meses más o menos, con Independiente de Medellín.
Un equipazo que mereció ir a México 86. Había personalidad, categoría y se paraba ante cualquier rival sin problemas.
Al año siguiente voy a jugar a Independiente de Argentina y el día que enfrentamos a Estudiantes, antes del encuentro, se acercó a disculparse. Luego lo hizo muchas veces públicamente.
No, eso pasó en su momento y ya está. Hace unos años Julián vino a Lima con Argentina, como asistente de Alejandro Sabella, y le regaló una camiseta de su selección, autografiada por todos los jugadores, a mi hijo Franquito.
En el fútbol hay picos y en mi carrera siempre he tratado de mantener una regularidad.
Tuve un buen año con Municipal y me llevan a ese Mundial. Fue una cosa increíble, hacer tu sueño realidad...
Además de eso, jugar al lado de mis ídolos como Teófilo Cubillas, Héctor Chumpitaz, Guillermo La Rosa, Hugo Sotil... Los vi en Argentina 78 y luego compartir con ellos fue el sueño más lindo, se me ponía la piel de gallina.
Fue un golazo. Son cositas que uno tenía, el control y la definición. Mi celebración la pude hacer tirándome de rodillas, porque la cancha estaba mojada. Después muchos quisieron repetir ese festejo y terminaron con las rodillas raspadas, ja, ja, ja.
Gracias a Trome por recordar esos momentos tan lindos. Ya les tocará a los muchachos que nos llevaron a Rusia 2018. Así la vida va pasando y queda el testimonio de los videos para la historia.
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